viernes, 19 de mayo de 2006

Dice P que debería escribir, y a veces hasta yo misma estoy casi convencida de ello. Hubo un tiempo en que escribía diario con asiduidad, siempre con Pilot negro de punta redonda, siempre en coquetos cuadernos con hojas de color vainilla que había traído de mis escasos viajes. Todo fluía, no era necesario elaborar nada, ni esforzarse: sólo me sentaba en la cama y escribía. No tengo modo de demostrarlo, pero algunas entradas de esos cuadernos fueron muy buenas: conseguían que, al leerlas años después, experimentara la emoción del momento en que se crearon. No es cosa baladí para alguien que cree que "toda emoción verdadera es mentira en la inteligencia, pues no se da en ella; toda emoción verdadera tiene por tanto una expresión falsa: expresarse es decir lo que no se siente". Este Pessoa, ya se sabe, un agonías, pero qué lúcido...

La última entrada de mi diario actual data del 29 de agosto de 2004. Mi amor por la simetría y los números redondos me hace fantasear con esperar hasta tal fecha de este año y dinamitarlo todo a partir de entonces. Mientras tanto voy a seguir permitiendo indolentemente que mi tiempo sea como mercurio de un termómetro roto: escurridizo, inapresable e inútil.
Puede ser interesante. Permanezcan en sintonía.

1 comentario:

tipodeincógnito dijo...

Joder con el dial: Luisa! Luisa! haz el favor, muéveme la antena: no, coño, la antena (esta mujer) Abuela, ¿está segura que dijeron en el 9003.7?