jueves, 14 de septiembre de 2006

Tan simple como eso


Podría disertar sobre la conveniencia de volver al modus operandi de mis 17 -en vista del éxito obtenido, mode ironic on-, aquel con el que hacerse la estrecha pertinazmente servía para poner a prueba al oponente, protegerse de espejismos y a la par exacerbar el deseo (lo más: eso era sentir, sentir con intensidad; la liberación sexual de la mujer es una estafa, desde aquí lo proclamo); podría, digo, bosquejar una minitesina de andar por casa sobre los topicazos de la guerra de los sexos que yo, en mi palurdez, creía superados y que sin embargo son eternos, no, mejor dicho, Eternos; podría, yo qué sé, confesar públicamente que sí, que soy la vergüenza de mi género tal y como nos ha descrito la sabiduría popular, en tanto carezco del más mínimo talento para camelar, envolver, despistar, turbar, enloquecer, atrapar y fagocitar a los hombres, mayormente porque los trato como personas antes que como hombres...
En estos días podría empezar a vomitar pensamientos y no parar, de veras, pero en realidad sólo estoy escribiendo ésto para que en el contador de entradas del blog no aparezca el jodido mes de agosto de 2006 como el último de la lista, mirándome con esos ojazos. Tan simple como eso.

1 comentario:

Tommy_Baxter dijo...

A ver si vamos a dejar la casa sin barrer!

Habrá que creer en el género humano.

Actualiza!!!