viernes, 28 de julio de 2006


Igual dentro de unos días voy a visitarlos de nuevo. ¡Son tan simpáticos...! Miradlos ahí, tranquilamente debajo de un árbol del jardín de su casa de Haarlem. Lo que se dice la alegría de la huerta, vamos. "Venga, Frans, termina de una vez, pesadito te pones con los detalles de los encajes de Amberes, rediós...", parece que está diciendo Isaac con ese gesto medio cachondón, medio qué-paciencia-hay-que-tener, ¿verdad?. Y ella, muerta de risa, justo ahora estaba contándole la reacción de su egregia madre esta mañana al ver llegar al pintor con sus bártulos ("¿En el jardín...y juntos?? ¡Qué insolencia, Beatrix, tu padre y yo seremos el hazmerreír!").
Ay, la vida, el amor, la complicidad. Qué poco cambian las cosas realmente importantes, con o sin encajes.
Retrato matrimonial de Isaac Massa y Beatrix van der Laen, Frans Hals v. 1622
Rijksmuseum, Amsterdam

Y, sí, mereció la pena dejar aparte aprensiones rancias y desganas sin fundamento y coger ese autobús el viernes. Si la vida, al fin y al cabo, qué coño, no se compone más que de estas pequeñas fotos en el álbum de recuerdos, si privarse de ellas esperando Los Grandes Acontecimientos es engañoso e inútil, si luego nos sentimos estafados por haber renunciado a las escapadas creyendo que nos esperaban las aventuras, ay...
Huelga decir que sigo sin ser fan de Depeche Mode, pero qué fin de semana en el País Vasco tan agradable, caray...

viernes, 14 de julio de 2006


Ganas de arrollar, de triunfar, de comenzar otra vez o de comenzar de una puta vez, de comerme el mundo, de gritar. Una bola enorme de emociones inconexas ocupando el lugar de mis vísceras, esa certeza impagable de "yo puedo, allá voy", la inconfundible, implacable y escasa sensación de estar conscientemente viva.

El pleno convencimiento de ser inmortal.

Muse han vuelto. Cómo no voy a amarlos.