jueves, 18 de enero de 2007

Je veux être française

Estoy contenta, creo que voy evolucionando. Resulta que me he dado cuenta de que con el devenir del tiempo ya no siento envidia de los nórdicos, esas criaturas legendarias con pómulos perfectos y prestaciones de maternidad del carajo. El agotamiento del estado de bienestar occidental y las películas de Lukas Moodysson me han quitado la venda de los ojos y ahora he aprendido a ver a los vecinos del ático con menos adoración y más condescendencia. La misma porquería que en todas partes, pero escondida bajo la alfombra de Ikea, básicamente.

Francia, en cambio, nunca tuvo para mí esa calidad de estrella rutilante tan propia de los rubios naturales. Mi imagen de lo francés era la seca eficiencia -mucho más que los teutones-, la seguridad en sí mismo y una actitud que parece decir con nosotros pijadas, las justas. Esta rectitud casa mal con la mentalidad juvenil, por poco locuela que una haya sido en sus años mozos, así que el charm gabacho quedó tan escondido que resultaba invisible, si bien ya sentía yo un no sé qué de admiración cada vez que el Pueblo francés salía a las calles a protestar por algún desmán de los poderes públicos. El "Pueblo", sí, porque los muy osados se cabreaban al unísono y, rien ne va plus, ¡se organizaban perfectamente para manifestarlo!. Vamos, igualico que aquí, ¿verdad?.

Hoy, tras unas cuantas huelgas generales contempladas en estos años con arrobo en los telediarios, me he rendido ya sin reservas a los sobrios encantos galos: el Gobierno francés ha anunciado medidas legales para que el cacareado derecho a una vivienda digna (ja, ja y ja...¿he dicho ya "ja"?) sea efectivo y no una mera declaración de intenciones, como ocurre con otros que yo me sé . No pierdo de vista, empero, la cercanía de las elecciones y lo oportuno que resulta escuchar los clamores sociales en estos momentos, pero aún así me emocioné con las noticias esta mañana.
Triste época esta si una se conmueve porque un presidente de gobierno atiende las legítimas peticiones de sus administrados. Y encima un presidente tan potable, oigan. Que quiero ser francesa, ea.

6 comentarios:

Cayetana Altovoltaje dijo...

Te comprendo perfectamente, yo siento cómo se me suben los colores, de vergüenza propia, ajena y patriótica, cada vez que los franceses nos dan una lección de ciudadanía. Nos llevan dos siglos de ventaja. Otra cosa es si esas medidas del gobierno francés se traducirán en mejoras reales para los ciudadanos. Todo se verá. Hasta entonces, pongámonos la boina y el jersey a rayas y fumemos en boquilla. Au revoire, que dijo VOltaire, tirando la boina al aire.

tipodeincógnito dijo...

Yo siempre quise ser austrohúngaro y viajar en calesa (viajes cortos, se entiende, meros paseos) o hitita o aun cromagnon (ya que estamos afrancesados) y cazar bisontes y que mis absurdos monigotes pudieran ser considerados arte (aunque quizá si me paso por ARCO) En fin, que se te quiere aunque te hagas francesa y le quites patata a los huevos.

La reina de la miel dijo...

Caye, propongo ir a hacer un woody con tal atuendo: sería el summum de lo chic, ce n'est pas?
P, me conformaré con ese afecto tuyo tan volátil como esencia de Chanel (para seguir con el tema).

Cayetana Altovoltaje dijo...

Uy lo del Woody tiene que hacerse pero ya pero ya. Woody nos llama. Saquemos las boinas.

Sad dijo...

Paris, paris, paris... Croissantes a punta pala, excelentes platos de pescado y marisco, Shakespeare and Co, Pompidou, paseos por sus acogedoras calles, comprar en los rastros, fotos en el sena, buscar restos de la vida bohemia, la Boule Noire, Orsay, Louvre y los Elysees...
Tengo claro que nací en el lugar equivocado,pero bueno contra eso no se puede luchar...
Paris, ahi descansa el rey lagarto...

Tommy_Baxter dijo...

Mi querida Marta

¿te golpeabas la cabeza con la almohada???
Mon dieu

Veré de conseguir algo de ese Benitez Reyes, me tienes intrigado

Besos