sábado, 3 de marzo de 2007

El té de las cinco, versión artística


Hoy me apetece darle publicidad a un fotógrafo y pintor asturiano del que acabo de tener noticia por pura casualidad, como sucede todo lo reseñable en la vida. El caso es que el jueves fui invitada a merendar -qué costumbre tan entrañable, la merienda- a casa de una compañera de trabajo encantadora (y no es peloteo: es el epíteto exacto) que quiso mostrarnos su piso después de unas reformas casi, casi escorialenses.

Lo primero que me encontré al cruzar el umbral fue esta fotaza presidiendo el recibidor. "¡Madre mía, qué foto!", creo que le dije a la anfitriona. "Es de Carlos", me contestó con naturalidad. El resto de la casa es, como no podía ser de otra manera, espacio de exposición privilegiado para las obras de Carlos Casariego (Oviedo, 1952), quien, además de saber ver la belleza en el hormigón o el casco oxidado de un barco , prepara unos croissants riquísimos para la merienda de las compis de su mujer. Gracias a ambos por el rato tan agradable y por el alimento, no tanto el del cuerpo como el de la mente.

2 comentarios:

Edmundo Busoni dijo...

Y a propósito de fotos, Reina, he descubierto que te ha salido un doble:

http://telespejo.blogspot.com/

Puedes reclamarle la exclusividad en el uso de la foto: tu blog vino antes. A ver qué va a pasar.

Pero cuál es mi sorpresa cuando en el último número de la revista del Instituto Cervantes que acabo de recibir, trae en portada la foto de Chema Madoz.

La Reina de la Miel invade icónicamente el mundo...

La reina de la miel dijo...

¡Guauuu, me mola eso de invadir icónicamente el cotarro! (¿Habré dicho yo ya lo de mi exhibicionismo? Item más, ¿será grave?)