domingo, 9 de diciembre de 2007

La vida sigue. Hoy: ¡Cállese, señora!

El matricidio siempre ha estado muy presente en mi vida. No de facto, sino como fantasía recurrente en momentos de bochorno público y/o agobio privado. La escena que va a relatarse a continuación refleja uno de esos momentos en los que a una le gustaría decir aquello de No, no viene conmigo cuando le preguntan entre dientes ¿Es tu madre? ¡Qué graciosa!

Escenario: un establecimiento comercial cualquiera.
Dramatis personae: la autora de mis días, una dependienta mulata ciertamente guapísima y servidora como convidada de piedra.

La autora et cetera: ¿De dónde eres, guapa? ¡Qué exótica!
La dependienta: De Colombia, señora
La autora et cetera: ¡Ah, de Colombia! Yo tengo parientes por allí.

(Servidora levanta la vista sorprendida: todo apunta a que va a hacer un descubrimiento sobre su propia familia, a estas alturas, digno de Falcon Crest. Puede que hasta haya vetustas tías-abuelas a punto de espicharla y con unas ganas locas de que su ingente herencia acabe en el Viejo Continente, slurp...)

La dependienta (con renovado interés y la ilusión en la mirada de cuando te hablan de tu país en el otro extremo del mundo) ¿No me diga? ¿Dónde?
La autora et cetera (encantada de la vida con lo que está a punto de decir) ¡En BUENOS AIRES!

Se me olvidaba: mi progenitora es de las que luego dicen en voz alta ¡Ay, no me des patadas, niña! Díganme: ¿qué me sugieren? ¿Bolsazo con ladrillo o estrangulamiento?

2 comentarios:

Marisabidilla dijo...

Jajajajaja, pero qué genia la mami!

Por favor, nada de estrangulamientos ni bolsos, no vayas a privarnos de estas historias!

Me alegra ver que sigues adelante con optimismo. Un beso Reina.

Mara Jade dijo...

Me meo de la risa jajajajajaja. Vaya escena al más puro estilo "tierratrágameoensudefectoquealguienmatealaperraesta".