domingo, 16 de diciembre de 2007

Retrospecter

Es sorprendente cómo todos pasamos por la misma experiencia: en cada etapa de nuestra vida creemos que vamos vestidos de la mejor manera posible, la que más nos favorece según los cánones de la moda del momento, no falla. Invariablemente, cinco o diez (en este caso veinte, ouch!) años después se nos cae una fotillo así traspapelada de un libro y todos -pero es que todos, eh?- hacemos temblar el gotelé con el mismo grito desgarrador: ¡¡¡¡DIOOOOS, PERO QUE PINTAASSSSSS!!!

Que yo recuerde, ahí van desgranados unos cuantos clásicos de la indumentaria de los casposos y maravillosos años 80, fuente inagotable de anécdotas:

-la permanente leonina: don't blame it on the sunshine, blame it on Joey Tempest. San Joey, patrón de las peluqueras, por lo menos. Lo mejor venía dos meses después, cuando el pelo crecía liso y laso y te recogías un tupé abombado con un pasador que te favorecía terriblemente.

-las hombreras, subespecie hombreras reptantes: en un momento de la conversación tonti-pijis con el chico que te molaba te palpabas asín disimuladamente un hombro y descubrías con horror que la hombrera ya no estaba ahí. Con un poco de suerte la jodía se había posado en el pectoral correspondiente: mejor, el relleno de cualquier tipo siempre era bienvenido y por otra parte, la fascinante mente masculina a esas edades no era muy exigente en cuanto a asimetrías. La otra opción era que la hombrera se hubiera deslizado subrepticiamente y descansara a tus pies, para tu bochorno. Me han contado casos. De hecho en los ochenta se encontraban hombreras huérfanas por la calle un día sí y otro también. Nos tenía contentas el inventor del velcro, grrr.

-la cazadora de polipiel marrón con parches estilo "Top Gun": I need speed, decía el bueno de Cruise/Maverick, en clara apología de las drogas sintéticas. Razón llevaba: había que estar muy colocada para salir a la calle con aquello y verse moderna y pinturera.

-los vaqueros láser y, para más inri, pitillo: el summum del estilazo, sobre todo en las distinguidas veladas de coches de choque en las fiestas de barrio (aagggg...)

-los calcetines gordos de lana hasta las rodillas con medias finas debajo, y de cómo una se daba cuenta de que se habían escurrido hasta los tobillos hacía una hora, justo cuando había entrado en la discoteca (tierra, trágame).

En fin. Esos de momento son los que más me traumatizaron, no es para menos. Tendré que repasar los diarios para recordar más horteradas. ¿De qué nos avergonzaremos en el 2012?

8 comentarios:

Marisabidilla dijo...

Terrorífico... Y genial jajaja

La reina de la miel dijo...

¿Tú también te recuerdas con los pitillo láser? Juas, creo que tengo material para una segunda tanda...xD

Marisabidilla dijo...

Siiiiii, por favor!

tipodeincógnito dijo...

Yo era habitual de las camisas de franela con toque mantel y las chaquetas de lana de colores variopintos y marcada tendencia jesuítica. Ay, aquellos maravillosos daños -a la retina, sobre todo-. Se te quiere, M.

La reina de la miel dijo...

P, que sepas que la próxima tanda llevará eso de los daños retinianos como título. Insuperable.

tipodeincógnito dijo...

Suyo es, que mío no, faltaría más. Te la cambio por el Canal que se ensancha. Deal?

pcbcarp dijo...

Nada como los jerseys de cuello así llamado cisne debajo de la camisa. De ahí el insólito auge de las drogas ilegales.

reloxes dijo...

Y los jerseys de Privata 20 tallas mas grandes, que no se sabia donde tenian el cuello. En el desvan ha aparecido uno, rojo, con el dibujo de un indio que ¡¡¡aun me queda grande!!! , y eso que en 20 años he crecido en altura y(sniff) en anchura.
Y las cazadoras vaqueras hechas de retales.
Y los cinturones aquellos que llevavais las feminas que parecian salir de "La Ley del revolver".
Y cuando se me ocurrio ir al instituto con el traje de boda de mi padre y encima fue un exito.
No sigo que me pongo melancolico.