viernes, 16 de febrero de 2007

Grandes avances de la Ciencia. Hoy: "Estoy vasectomizado: háblame despacio"

Si es que me puedo imaginar la escena: redacción del periódico de turno a punto de cerrar la edición, casi todo atado y bien atado -es un decir: la hornada de redactores en prácticas ya sufrió la LOGSE, así que imagínense...- y de repente un jefe de sección al que se le hincha la vena de la frente porque queda un hueco a dos columnas en el apartado "Chumiciencia y gilitecnología". Al becario que pasaba por allí sin un papel en la mano -craso error, muchacho- le toca buscar como sea cuarto y mitad de noticia para rellenarlo y, tachán, encuentra ésto.
Una servidora, a la que en la facultad le contaron quién era este señor, este otro, y las molestias que se habían tomado ambos escribiendo sobre la naturaleza del método científico , se quedó inicialmente catatónica ante la peaso capacidad inductiva de los ejem investigadores y, ya de paso, de síntesis del redactor: breaking news, la vasectomía te deja tonto, y pasemos ahora a la sección de Deportes...
Yo no sé ustedes, pero a mí me parece que esta noticia en manos de Buenafuente, verbigracia, sería un filón. O de cualquier mindundi con ínfulas de monologuista, vamos, porque la materia prima es de primerísima calité. Veamos: el titular habla de un paciente. Uno, o sea, no dos ni trescientos. Uno. Y de ahí parecen desprenderse resultados con visos de verosimilitud. Yo es que no sé si me ejplico: es como si a alguien le operan las orejas de soplillo, en un lapso de tiempo razonable posterior desarrolla una hermosa hemorroide, el desgraciao va a a contarle sus cuitas al médico y el galeno, muy sagaz él, piensa "esto lo publico yo en Science y me llueven los laureles". Luego solo tiene que llegar la agencia EFE y titular "Un médico de Parla halla un alto índice de consumo de Hemoal Toallitas en los pacientes con las orejas como las puertas abiertas de un Seiscientos". Pues no, oigan, ésto no va así, no con esa alegre extrapolación de conclusiones ni con esos muestreos de población de risa. Lo peor es que leemos día sí y día también supuestos resultados serios de investigaciones que no llegan ni a experimentos del Profesor Bacterio, no me fastidien...
Por otra parte, es carne de chiste el que precisamente, entre todos los efectos secundarios del tema, tenga que ser la afasia y la pérdida de memoria lo que se produce. Algo así como la siguiente escena doméstica:

Parienta (hecha una hidra): ¿pero tú crees que estas son horas de llegar, y con esas pintas? ¿Se puede saber dónde has estado? ¡Yo esto no lo aguanto más, desde que te vasectomizaste no paras en casa, todo el día de juerga! (sollozo)
M.S.A. (Maromo Súbitamente Amnésico): ¿Erm? ¿Vasectoqué? Estee...¿y usted quién es y qué hace en mi casa??

Dramático, ¿ehm? En fins...
No puedo dejar de pensar en la celebérrima teoría popular de los vasos comunicantes y la línea directa entre las meninges y los conductos deferentes de los señores. Al final los científicos, que antes que nada son hombres, han dado con la excusa perfecta para que no les toquen los huevos. Literalmente.

sábado, 10 de febrero de 2007

Segunda ración de exhibicionismo, porque yo lo valgo

Como la muy egregia Reina Morcilla no parece que se anime a continuar con la colección de rarezas reales (y miren que la ví yo muy predispuesta...), yo sí que me animo con la parte peich del asunto, y es que me encaaannta que un puñao de desconocidos -a priori bellísimas personas- sepan de mis particularidades, que va a ser que estoy muy orgullosa yo de ellas, por mucha modestia que finja, ejem...
Allá voy:

7. Espero que esté ardiendo en el infierno el tontolhaba que extendió la idea de que las parejas, para demostrarse que se quieren bucho, bucho, han de compartir cama. Gracias a él media humanidad emparejada empieza el día con un humor de perros sin necesidad de escuchar a Jiménez Losantos (la otra media humanidad es la que se queda sopa según posa la cabeza, claro).
Voy a dejar claro ésto desde ya: dormir es una actividad personal, egoista e íntima. Para un acto de este jaez tanto me da compartir lecho con el futuro padre de mi prole o con el Cuerpo de Bomberos de Bilbao en pleno (si bien esta última opción, hum...¡arf!), y digo bien que me da igual porque, queridos e inteligentes lectores, CUANDO DUERMO NO ME ENTERO DE NADA EXTERIOR. Bien. Exijo mi derecho a que mi sueño reparador no sea obstaculizado/impedido por resoplidos babosos en mi oreja, emisión de gases contaminantes anti-Kioto ajenos, frigopies o cambios bruscos de postura que impliquen codos y/o rodillas maltratando mis carnes.
La cama es para dormir: para todo lo demás, el resto de la casa, rediós (iba a poner "MasterCard", pero quedaba muy prostibulario, je).

8. No siempre que leo como, pero siempre que como leo. A tal punto llega que si no tengo nada para leer hasta la comida me es más insípida. Preferiblemente prensa o revistas -libros menos porque son latosos de mantener abiertos-, pero ya he llegado a leer etiquetas del agua mineral o el paquete de pan tostado que tenga a mano, como hacía un petardísimo personaje de este peliculón canadiense que es C.R.A.Z.Y. y que recomiendo vivamente (y pueden fiarse de mi criterio, ya que declaro con orgullo que "Dancer in the dark" me pareció un bodrio infumable y la Biooorrr hace mejor dedicándose a dar berridos de foca ártica en celo que penosos espectáculos cinematográficos).

9. Sigo el mismo orden para enjabonarme en la ducha desde tiempos inmemoriales: empiezo por la mano izquierda y termino por el pie derecho, siempre, siempre. Ya metida bajo la alcachofa, diré que -atención: almas sensibles no sigan leyendo- no veo cuál es el problema de hacer aguas menores en tal lugar: se componen de más de un 90% de agua y un puñado de inocentes sales minerales. Comparado con el cloro y vayan a saber qué más cosas más del agua corriente, no me parece una guarrada tan grave. Si no me quieren ajuntar más, me hago cargo, pero ustedes se lo pierden. Y si tan tiquismiquis son, beban Fuensanta, caray.

10. Me gusta ir al cine sola y con la sala más vacía posible. Jamás de los jamases me quedo sin ver una película que quiero ver por falta de compañía, más bien al contrario: si tengo muchas ganas de ver algo y alguien se me acopla, intento inventarme cualquier excusa para evitar el trance. No necesito hacer comentarios, ni que me los hagan, ni tener que ir corriendo a diseccionar la película al salir tomándome un café con alguien. Me gusta asimilar las cosas yo solita, a mi manera, yo y mis pensamientos.
En esta misma línea, voy a comprar trapos sola. Yo decido a qué tiendas voy, desando el camino si cambio de opinión en mitad de la calle, no me interfieren opiniones ajenas te queda genial, mari y siento que no pierdo el tiempo. Soy algo misántropa yo, y, qué coño: me gusta.

Ahora sí que me he quedado a gusto, ains.

jueves, 1 de febrero de 2007

Me(me) confieso

Pues sí: une autre fois -cómo estoy yo últimamente de francófila, si es queee...- esta electrocutante chiquilla me incita a hacer una lista numerada con cosillas así como muy mías para conocimiento público y mayor cachondeo de mis conocidos. Menos mal que este blog tiene, má o meno, el mismo volumen de lectores que aquel manual para ligar de Leti Sabater, ¿se acuerdan?, en fins...
El asunto que nos ocupa hoy versa sobre esos detallinos que nos hacen únicos, manías variadas que hacen a nuestras santas progenitoras proferir aquello tan entrañable de "¡así no va a haber [insértese elemento que proceda] que te aguante, guapina!", habilidades fuera de lo común, ... rarezas, vaya.
Sin más dilatación (la Nochevieja ha perdido su sentido desde que te fuiste, Millán), procedo a contar media docena de signos evidentes de neurosis galopante (borren esa sonrisilla: ustedes también están en ese carro...):
1. No puedo tener un plato vacío delante de los morros sin darle la vuelta para saber de qué fábrica de loza es.
2. No soporto a los tunos. Si veo uno de frente cambio de acera; si son muchos y van armados con bandurrias experimento una leve crisis de ansiedad: palpitaciones, sudoración...Uff.
3. Ante una montaña de cacharros por fregar no puedo empezar la faena hasta que no tengo todo distribuido por categorías: platos llanos en una pila, platos hondos en otra, cubiertos juntos en un rincón, y todo así.
4. En los lugares públicos y concurridos necesito estar de frente a la puerta y controlar todo lo que entra o sale del antro. Quedan incluidos los restaurantes. Dicho así con suficiencia chulesca, nadie se mueve en este garito sin que yo me entere.
5. Aprendí a leer con tres años y a los 4 leía de corrido los titulares del periódico al revés. Además, de muy niña hacía ésto antes de dormirme, y, no contenta con la fechoría, tuve hasta casi los 6 años dos chupetes, uno para el uso que todos conocemos, y otro exclusivamente para oler (¡es que la goma olía taaaaan bien...!). Sí, fui una niña extraordinaria, ¿o se creían que una mujer como yo surge de la nada?
6. Me declaro la única fémina en toda la Cristiandad que se sienta sobre la taza y no sobre la tapa -en el baño de mi casa, of course; en los públicos casi que entro con guantes a lo Jacko, vamos-, así que yo a un maromo podré amargarle la existencia por múltiples razones, pero por el famoso asunto de la tapita jamás. Tomen nota, desaboríos.
Dice doña Galvan O'Plástica que hay que poner en un compromiso a 6 tunantes, pero claro, eso lo puede decir ella que tiene casi club de fans, la jodía. A mí me toca más bien un llamamiento público y general, así que, hala, desmelénense un poquito: que se lo pide una Reina, caray...