viernes, 23 de noviembre de 2007

Aute llevaba razón


Hace un par de años fui a unas cuantas sesiones de yoga dinámico. De vez en cuando, el monitor nos proponía utilizar visualizaciones del lugar, situación o contexto que nos resultara más agradable o placentero para relajarnos en los diez minutos finales de la clase. Después había que exponer lo que nos habíamos imaginado al resto de compañeros: generalmente abundaban las verdes praderas y los bosques umbríos con rumor de riachuelo, por eso aún recuerdo bien la sensación vanidosa de sentirme distinta al prójimo que tuve al describir mi visualización. Porque la situación que yo pinté como mi ideal de paz fue entrar en una sala de cine limpia, silenciosa y conmovedoramente vacía, con ese inconfundible olor a ambientador, spray de moquetas o vayan a saber qué, con la pantalla blanca y luminosa al fondo esperando para ofrecerme por lo menos una hora y media de vida, de otras vidas, un lugar y un momento donde mis únicas preocupaciones son ¿fila once o doce, izquierda o derecha?, cuando aún no oigo las voces de los que vendrán detrás y fantaseo con la posibilidad de que nadie más vaya a esa sesión, de que la sala se convierta en mi salón particular...


Hace tres horas experimenté por enésima vez ese momento único, mientras entraba en la sala donde ví Broken english, una agradabilísima película dirigida por la hija de John Cassavetes y con una Parker Posey tan real que dan ganas de irse con ella a tomar unos tequilas.


Buen inicio de Festival este año. Una vez más, mi refugio es una sala de cine: benditas sean.

martes, 20 de noviembre de 2007

Con amigos como estos...

Los publicistas de la agencia Sra. Rushmore dirán subiéndose las gafapasta -de pongamos Armand Basi- que es "una campaña para denunciar la banalización del consumo de droga, que se ha convertido en un objeto de marketing más", y habrán cobrado una pasta obscena de la Fundación contra (¿contra?) la Drogadicción que les servirá para el mantenimiento de sus oficinas pijas y por supuesto para sus vicios tóxicos, pero el caso es que a mí, cuando veo esta tomadura de pelo pergeñada por niñatos megacool, me dan ganas de hacerle un donativo generoso al Cártel de Medellín. Yo, que fumé un porro a los 16 y soy hipotensa desde entonces.

Desde luego hay que ir muy puesto para ver aquí un anuncio contra las drogas...claro que...¡cielos, ahora encaja todo!