jueves, 28 de agosto de 2008

Cumbres Bochornosas

Hace ya tiempo que tenía en mente esta entrada, ya que atesoro highlights vergonzantes como para montar un negocio de exportación de pifias, pero desde que esta pucelana sin complejos publicó lo suyo decidí que no, que la Humanidad no podía ni debía caminar ni un día más sobre la Tierra sin saber qué cotas de ignominia pueden alcanzarse cuando se juntan una magnífica empanada mental de serie y un abono vitalicio de palco a la jodía Ley de Murphy.

Mientras prefiguraba lo que iba a poner –naturalmente en horas de trabajo, sólo faltaba- pensé en remontarme a los orígenes, al Paleolítico Bochornoso, esto es, cuando mi madre me enviaba al cole con el pijama de felpa debajo de la ropa de calle para que no me enfriara en los esteparios (ejem) inviernos cantábricos. De termodinámica andaba ella muy justita y no pillaba que yo era un ser vivo que producía su propio calor, en fin…
A fe mía que conseguía su propósito: las compañeras ya me calentaban en el recreo cuando asomaba la pernera con motivos florales por debajo del pantalón de chandal. Los niños de hoy sufren una cosa que se da en llamar bullying. Ni idea, oigan: lo mío fue un acoso y derribo escolar en toda regla mantenido durante años, quien lo probó lo sabe, parafraseando a Lope.
Sin embargo, finalmente decidí que las miserias infantiles no formarían parte de la lista porque un niño que lo pasa mal no es algo divertido, bien al contrario, es el espectáculo más acongojante que conozco. Incluyo también el sufrimiento de las bestezuelas, animalicos todos al fin y al cabo.

Cuando el momento aargh alcanza su máximo esplendor es, como todo el mundo sabe, en la época púber y/o adolescente. Nunca después uno es tan dolorosamente consciente de sí mismo, de su timidez, de sus granos, de su torpeza, y nunca un contratiempo gilipollas se convierte en una hecatombe de proporciones cósmicas con tanta facilidad. Aquí es donde queríamos llegar, pues.

Uno de los cuentos infantiles de terror más célebres es aquel en el que una pipiola de 14 años se mea de risa en el instituto y tiene que volver andando a casa con el pastel… Ah, espera, no, que no es un cuento de Perrault... ¡que es real y me pasó a mí, juas!
Pues sí, amables lectores, hay días en la vida de una jovencita que no se olvidan nunca. Este fue uno de 1986. Estaba en el instituto, por fin, después de años de penurias escolares gracias a la obsesión materna por la congelación de su heredera y la hijoputez congénita de las otras niñas. El instituto se me antojaba el paraíso, lleno de ejemplares macho (válgame el cielo) acnéicos por los pasillos, hombreras y carpetas forradas con Duran Duran. Solía yo sentarme junto a quien a día de hoy sigue siendo mi mejor comadre (kusjes, Loes!), una chica que por aquel entonces lucía un hermoso andamio en los piños y llevaba con envidiable humor el engorroso asunto de las salivillas escupidas involuntariamente al hablar. En una de estas clases, con el libro abierto sobre una lámina del Cristo de Velázquez a toda página, de profuso fondo negro, pronuncié la frase aciaga, la que desencadenó la tragedia: “¡Aquí, tía, aquí, habla sobre el libro, que aquí se te ven mejor los japolones!”. El ataque de risa posterior fue inmediato e incontrolable, vamos, como si hubiéramos encontrado el Punto G del descojone, también conocido como Punto Je (a esto voy a tener que ponerle el copirrai). Nos reimos hasta jartarnos con esa risa de lagrimón cuando no puedes reírte a carcajada limpia. Me reí tanto que sucedió. No me meaba encima desde los 4 años, pero esa mañana, cual Concha Velasco sin Tena Lady, pe peé toa.

Tenía que reaccionar con presteza y discreción: el jersey atado a la cintura sobre los vaqueros y hala, a correr. Solo había un pequeño problema: yo, que parece que he nacido con el vaquero ya puesto, había escogido ese día para ponerme minifalda. De color mostaza y con una chaquetilla corta a juego (¡¡corta noooo!!), para más inri. No había escapatoria. Todo el instituto sabría de mi deshonor y tendría que hacerme el harakiri en público con el Rotring 0.5 de clase de Dibujo.

Los diez minutos de vuelta a casa fueron los más largos de mi vida. A veces me pregunto qué coño habrán pensado los comerciantes de los locales frente a los que aparecía una niña de espaldas con una circunferencia en el culo que ríase usted de la bandera nipona. Porque yo me hice todo el trayecto en un estilo híbrido entre lagartija y cangrejo: pegada a la pared y avanzando de lado. Como Murphy manda y es lógico, por el camino me crucé con uno de los múltiples gañanes que me gustaban in illo tempore, pero no supuso mayor problema: nunca me hacía ni puto caso y en esa ocasión tampoco.

Efectivamente lo que acabo de relatar fue una cumbre bochornosa de aúpa, pero no crean que el anecdotario se queda ahí. Apenas cuatro años después, en pleno viaje de estudios a Italia, aconteció una escena veramente escalofriante.

Nos encontrábamos un grupillo mixto tomando algo en un bar cutre de Roma. Mochilas, caras de despiste, cocacolas…diecisiete años, en definitiva. Como cada media hora desde que tengo uso de razón, a mi me entraron ganas de hacer pis. Una vez más, el asunto miccional cobra protagonismo. Oteé el local, sucio y salchichero a más no poder, y no encontré ninguna puerta tras la que me apeteciera meterme, sinceramente. Nada de figuritas cromadas pegadas en la madera indicando carne o pescado, ni rastro de los aseos. Así pues, no me quedaba otra que preguntar a los nativos. Oye, ¿alguien sabe cómo se dice “water” en italiano? Uno de la mesa se erigió en traductor jurado. Excusato, me dijo.

Excusato, o sea. Analicen la respuesta, por favor. Esto hoy día no pasaría, los niños logsianos actuales se partirían el culo espasmódicamente solo con oír en español la palabra “water”, así que imaginarlos conociendo sinónimos pedantes o usando otro idioma entra de lleno en la ciencia ficción.
El caso es que el cenutrio que me lo dijo contuvo bien la risa y yo me lo tragué todo (estas últimas cinco palabras puede que me catapulten a las listas de búsquedas guarras de internet, mi sueño dorado, yupi), así que me levanté para preguntar en la barra. Allí, un elemento con camiseta imperio sudada y con lamparones, modelo 2 x 2 y con pelo hasta en el cielo de la boca se afanaba en moldear la masa de una pizza (lo juro, es demasiado típico pero fue así). Prego, dove é il excusato, signor? La dicción, prístina; el acento, perfecto; la sonrisa, profidén. El pavo se giró hacia mí, la masa de pizza giró en el aire como el disco chino de Enrique y Ana, el tiempo se paró. Por su gesto de estupor intuí que algo chirriaba. El tiempo volvió a correr cuando pegó un berrido hacia el interior de la cocina del bar, y yo entonces de alguna manera intuitiva entendí italiano: ¡María, ven, corre, que la mochuela esta me pregunta que dónde está “el excusato”, juaaas!
María salió correteando a la vez que se mondaba. A mí para entonces ya se me había borrado la sonrisa y tenía un humor, digamos, algo sombrío. Cuando miré hacia la mesa de mis acompañantes les vi a todos la campanilla, a todos. Al final el pizzero risueño me indicó el servicio, si es que se podía llamar así a un agujero en el suelo que parecía comunicar Roma con el Hades. Ni qué decir tiene que fue la última vez que viajé sin un diccionario de bolsillo, so cabronazos…

¿Acaso creen que esto se acaba aquí? ¡Ja! Tengo en la recámara otro par de performances que...Bueno, eso, que sigan en sintonía.

7 comentarios:

Patroclo dijo...

Hola, eres muy buena aunque estés harta de ello. Jeje. Escribiendo me refiero.

Saludos.

La reina de la miel dijo...

Grazie mille, caballero. Su historia playera no es manca tampoco, jeje.

Marisabidilla dijo...

oh sí, la espera ha merecido la pena. Eres muy Jrande Reina, con J que es como más sonora.
Ese momento mearse de la risa es sublime. ¡Qué rato me has hecho pasar! Llorando de la risa que me tienes, bandida

La reina de la miel dijo...

Pues tú sonrojada me tienes con tanto halago, Mari ;-) Y eso que ayer la otra implicada en la anécdota me dijo que mi memoria me engañaba, que no estaba hablando sobre el libro, sino cantando la canción de Noely y claro, al llegar a la parte de "Yulupuki" la lluvia japolonar se intensificó: ahí fue el momento álgido xDD

Marisabidilla dijo...

Y yo que venía con la esperanza de que ya estuviera la segunda parte de cumbres bochornosas.... venga va, cuélgala antes del finde, anda, que luego empiezan las ferias y no voy a tener tiempo ni de leer.

Siendo chavalillas las amigotas y yo, cuando nos íbamos a casa en invierno después de la noche de fiesta, era tradición cantar la canción de Noeli....y yo toda la vida cantando la canción mal.... el abuelito yulupuki en mi versión era chupumuki.

aljorista dijo...

porca miseria, ¿por hacerse adulto será tan dificil? es por eso que hace muchos años que decidí no traspasar la frontera y quedarme tranquilito en la infancia, no crecer al fin y al cabo, un peter pan más, un beso!!

Pepe dijo...

Qué descubrimiento. Tu blog, digo, claro, qué va a ser. Qué panzás de reir que me llevo pegadas desde que llegué. Pero con lo del punto G del descojone (punto Je) casi soy yo el que de verdad tiene que irse a buscar repuestos para mis gemelos, porque casi me descojono tó. Memorable.
Saludos, y enhorabuena, maestra.