domingo, 24 de agosto de 2008

El sujetador: la realidad y el deseo

Aún conservo mi primer sujetador. Inexplicablemente mi madre estimó conveniente comprarme uno cuando yo tendría unos 13 años, sin dejarme participar en el proceso de elección ni preguntarme talla ni nada. A ojo, con un par. También es cierto que en mi caso la mujer no tuvo que devanarse mucho los sesos: con pedir uno talla 0,5, modelo Castellón de la Plana fue más que suficiente. El adminículo textil en cuestión era un engendro informe de color carne que, admitámoslo, no cumplía absolutamente ninguna de las interesantes funciones que se le suponen a un sostén: no realzaba, no juntaba y no sujetaba. Empero, yo estaba tan emocionada con aquel rito iniciático que la prenda me parecía lo más cuco de la corsetería de aquella temporada, el no va plus de la coquetería y la sensualidad femenina, es increíble lo inocentes que habremos llegado a ser en algún momento de nuestra vida. Quien pillara ese estado de nuevo.
Cuando se trata de mi delantera, lo más correcto semánticamente sería hablar de juntador y no de sujetador. Otras tienen canalillo: yo tengo el Canal de la Mancha con ferry de P&O incluido. Sabedora de esta simpatiquísima característica, el resto de mi vida lencera ha sido una sucesión de ejemplares trufados de aros, ballenas, rellenos y artificios varios que seguro haría las delicias de algún protagonista tronado de Cronenberg o Lynch. De hecho no me explico cómo no me pitan como locos los detectores de metales de los aeropuertos cada vez que paso con la bolsa de mano: juntando mi ropa interior se cuenta más chatarra que en la guarida de Wall-E. He probado religiosamente todas y cada una de las novedades corseteras que han ido apareciendo para las pecholápida como yo, desde el mítico Wonderbra inicial (con el que se habrán documentado ingresos en Urgencias por hundimiento costillar agudo, y si no, al tiempo), o el Wonderbra modelo "Aigor", en el que del entreteto pendían dos cordelillos de los que tenías que tirar simétricamente para que se fueran juntando las sufridas interfectas. La razón de ser del nombre del modelo se comprendía cuando no calculabas bien y tirabas más de un cordelillo que del otro, con lo que se producía un curioso efecto que recordaba el estrabismo del mayordomo de El jovencito Frankenstein. Incluso existe un sujetador que lleva la silicona dentro de la copa, expresamente diseñado para aquellas a las que les mola sorprender a sus partenaires con trucos de magia (¡y ahora voy a hacerlas desaparecer ante tus ojos, churri, nada por aquí, nada por allá...!).
En fin. Tetas, tretas. ¿Qué me dicen las señoras, se reconocen? Los señores, ya saben: cuidadín, que muchas vamos tuneadas xD.

10 comentarios:

Fle dijo...

Joe, y yo que me moría de vergüenza cuando tenía que ir con sujetador al cole... que de ahí me salió la vena jevi, siempre de negro para que no se vieran las costuras... jarl!

Eso sí, ahora tengo mi premio. Una 100b como la copa de un pino, sin sujetadores que junten (porque me ahogo, básicamente) o alcen, salvo que quiera poner la taza de café en las mismas, ejerciendo de mesasupletoria! :P
Pero ya vendrá mi penitencia cuando cumpla los 60 y empiece a darme con ellas en las rodillas, que la Gravedá es jodida como ella sola, ya.
Ains!!

Besicos, ánimo y algodón pal relleno, que eso no falla nunca! :P

Marisabidilla dijo...

Ay qué añoranza!! me has hecho recordar a aquella Marisabidilla que paseaba por las calles de Pucela City con una 85b... 8 años después y 13 kilos más y ¡magia! 100c para la niña.

Cumpliré penitencia con la Fle... mientras tú, seguirás con tus rodillas sin moratones y sin tener que llevar la jodida carretilla a todas partes

Fritz Perls dijo...

vivan las tetas.

La reina de la miel dijo...

Diga usted que sí: gran comentario y de hondo calado. ¡Que vivan!

Fle dijo...

Marisabidilla, en el concierto de Muse al que nos lleve la Reina Melosa, entre tanta gente nos van a encontrar por algoqueyomeseeeeeeeee!!!! :P

Ais, mare, yo como leía hoy por ahí, creo que le voy a poner una barandilla a mi entreteto, porque el que se asoma, se cae al abismo! :P

Besicos, guapas!
Y que vivan!

La reina de la miel dijo...

Si me lo permitís, tengo que decirlo...¡¡pero qué hijas de putaaaa!! xDD

Alma Cándida dijo...

Reina: me solidarizo toa. Yo también nací en el Altiplano, o era Sintética (sin-tetas, qué fino juego de palabras).

Ahora bien, ya que no somos niñas, vayamos sin "recogemigas" (entrañable nombre que le daban mis tías abuelas al sujetador) cual hippies ibicencas, que eso pone mucho, por lo visto, aunque no haya nada que poner.

P.D. Te recomiendo engordar como yo, que pasé de los 45 kgs. de mis 15-29 años a los ..... de mi actual edad, parto de por medio y lactancia, eso sí. Jode un huevo no caber en las tallas de Mango ni Zara, pero compensa tener algo que meter en la parte superior del bañador (la que no se consuela...)

La reina de la miel dijo...

Cuando a los 15 las más viejas del lugar me consolaban diciendo que al parir sería el reír, yo, con lógica aplastante, les respondía "¿y quién va a querer embarazarme si estoy plana?". Aay, qué poco sabía yo de la vida entonces...
Recogemigas, juaaas!

Ñoco Le Bolo dijo...

No soy mudito pero hablo...

Pue yo me remitiría a las pruebas. ¿Que tal unas fotos para ilustrar todo el discurso?
Verás, es por lo de ajuntar...

Me alegro de haber pasado por aquí.

La reina de la miel dijo...

Ñoco, ¿qué le pasa con lo de ajuntar? ¿Algún fetichismo? Para fotos las suyas, oiga. De hecho hasta le enlazo inmediatamente de lo que me gustan. Y una duda, ¿cómo ha caído aquí?