martes, 16 de septiembre de 2008

Cumbres Bochornosas reloaded

Si hubo un año intenso en mi vida ese fue 1990. Viaje de estudios a Italia, selectividad, enamoramiento impetuoso de Claudio meesnifohastalalíneadecorner Caniggia en el Mundial de Fútbol, inicio de la universidad...La guinda la puso una Ducati amarillo chillón que una noche de noviembre en una carretera nacional me hizo un masaje de tibia y peroné pero fino, fino. Nunca había tenido un accidente, nunca me habían operado de nada, nunca había experimentado el dolor físico intenso. Fue una lección de vida importante y los cincuenta y cuatro puntos de sutura me la recuerdan cada día. Eso y que no volví a ponerme vestiditos de verano: menos mal que los pantalones me quedan estupendos.

El atropello fue doble: mi vieja amiga, la del andamio dental, también mordió el asfalto esa noche conmigo, así que nos pasamos el siguiente mes escayoladas y en la misma habitación de hospital. Lo que en principio fue una putada mayúscula tuvo también sus momentos buenos, de risa entre las lágrimas. Lo siguiente es uno de estos momentos.

Cualquiera que haya tenido un miembro escayolado sabrá de qué hablo si digo que la piel pica. Pica muchísimo, y el no poder rascarse es una de las vías más directas a la locura. Tengo las manos pequeñas, pero no tanto como para poder llegar donde necesitaba, así que me agencié una aguja de tricotar que me transportó al séptimo cielo.
El invento pronto se reveló como multifunción: no sólo servía como rascador sino también como elemento auxiliar para alcanzar cosas fuera de mi radio de acción. Para alcanzarlas o para alejarlas. ¿Han probado a quitarse la ropa interior sentados y con una pierna totalmente estirada? Chungo, sí, créanme. Hasta el advenimiento de la aguja de tricotar yo tenía que pedirle a alguien que pasara por allí que me quitara las bragas, literalmente. Las personas afortunadas solían ser enfermeras o auxiliares y era un momento muy humillante: así, sin música de fondo ni un besito ni nada. Aquí te pillo en la habitación 302 y aquí te despeloto. Pues bien, con la aguja todo esa incomodidad se terminó: ya empujaba ella el trofeo más allá de donde me llegaban a mí las manitas hasta conseguir finalmente dejar atrás el pie y volver con la prenda en vilo a modo de pendón (que es una palabra muy digna y no tiene nada que ver con desorejamientos, a ver…)

El proceso, si bien efectivo, llevaba su tiempo. Baja por aquí, estira por allá…Una mañana, mientras me afanaba en ello con extrema concentración, la puerta de la habitación se abrió de golpe y a todo lo que daba. Al parecer, uno de los superpoderes de los galenos es acercarse sin ser oídos (las madres y los jefes también lo tienen, qué cosas), así que sin ningún ruido de pasos que le hubiera delatado ahí apareció el traumatólogo jefe en toda su autoridad y tras él un rebaño de MIR (serían tres o cuatro, pero para mí fue un delirio de batas blancas que ocupaban todo mi campo visual). La sorpresa fue mayúscula. Momentos después hicieron aparición la vergüenza (joder, ¡que estoy sacándome unas bragas sucias con media facultad de Medicina de testigo!) y la indignación, porque, oiga, usted sabrá dónde está el píloro y yo no, de acuerdo, pero yo llamo a las puertas antes de entrar, ¿lo pilla, doctor?
No recuerdo ya bien los detalles, pero creo que mi glups se oyó en el puesto de control de Enfermería al otro lado del pasillo. En mi azoramiento balbucí alguna obviedad, algo como jiji, un momento, por favor, que me estoy quitando las bragas, al estilo de aquel legendario “Traje una sandía” pronunciado por Baby en Dirty Dancing.

El caso es que allí no se disculpó ni dios bendito, ni un gesto de conmiseración, ni gota de piedad humana, oigan. Se acercaron, me toquetearon la escayola, el médico les dijo palabras raras a los mires, los mires apuntaron cosas y luego se largaron como habían venido: con un portazo. A todo esto, la prueba del delito permanecía lánguidamente donde la había dejado, a medio camino entre la rodilla y el tobillo. Me giré lentamente hacia la cama de mi compañera de fatigas y nos miramos con gesto grave. Las carcajadas que vinieron después debieron de ser de órdago porque tuvo que venir una enfermera a recordarnos que aquello era un hospital y que menos cachondeo…

¡Ah, aquellos viejos e intensos bochornos! Luego una se hace mayor y parece que lleva los ridículos con más dignidad, como que le afectan menos las cosas, no sé. Quiero decir que el empane es el mismo, pero luego se recuerda la escena como algo más entrañable y menos trágico.


¿Entrañable, dije? Bueno, también hay ocasiones en las que una ya puede votar desde hace unos cuantos años y sin embargo sigue haciendo el canelo como a los quince. Sin ir más lejos, en una fiesta de Erasmus. Tendría yo un cuarto de siglo cuando se me ofreció la oportunidad de asistir en vivo y en directo a una de estas míticas reuniones en las que se concentra lo más granado de la rubicundez europea en un piso de alquiler de 70 metros cuadrados. Para alguien como yo, a quien le entran sudores con la mera contemplación a distancia de un ario tomando una Franziskaner en una terraza, la idea de poder departir de tú a tú con walkirios a tutiplén, todos tremendos, todos hablando mayormente alemán (slurp), todos en edad de merecer y casi todos ingenieros, era tan emocionante que para soportarlo tuve que darme a la bebida. Y bebida, junto con testosterona, era lo que sobraba en aquella casa, doy fe.

Entre todo el catálogo, y había nacionalidades para escoger, mi favorito era un berlinés de mirada perversa y dicción lenta pero enérgica. Verle aparecer de noche, con la gabardina Barbour abierta al viento enmarcando su 1’85 de prusiana majestad, espoleaba violentamente todas las fantasías con uniformes nazis y látigos que una pudiera tener. Y una podía tener muchas, ay.
En el citado guateque el susodicho zascandileaba de aquí para allá sin perder nunca su elegancia característica. Mostraba permanentemente un esbozo de sonrisa de medio lado, como si todo y todos le resbaláramos, por no decir que nos miraba como un entomólogo observaría un hormiguero, así de magnífico era en su altivez mein übergruppenführer


Consciente de que mi oscuro deseo jamás sería satisfecho, asumido el hecho palmario de que a mí me pirran los guiris pero yo a ellos no, mi mano derecha se convirtió en una especie de axón neuronal en el que la copa vacía hacía las veces de botón terminal: el objetivo era que la copa se acoplara rápidamente a alguna dendrita en forma de botella de Barceló, verbigracia. La sinapsis espirituosa se repitió con una facilidad soprendente: siempre había algún sueco o austríaco o gran danés cerca dispuesto a rellenar copas de españolas semiborrachas, así de majos eran. Entre copazo y copazo llegó la medianoche y con ella la hora del cumpleaños feliz (todas las fiestas Erasmus son de cumpleaños: no sé si hay investigación científica al respecto). Se repartieron copas de champán, nos pusimos en círculo con el homenajeado de turno en medio, cantamos, bebimos, volvimos a beber…
Lo siguiente que recuerdo es una palangana de plástico azul eléctrico delante de los morros. No sé cómo habíamos llegado allí ni la palangana ni yo, ni qué había acaecido en el ínterin, pero estaba sentada sobre alguien que me sujetaba la frente con una mano y la palangana con otra mientras me decía lentamente en inglés que cuando vomitara estaría mucho mejor. Levanté a duras penas la cabeza para ver quién era mi benefactor: los ojillos verdes del berlinés magnífico eran ahora dos ranuras escrutadoras, y de cerca tenía una dentadura cojonuda, por cierto.


Bien. Muy bien, Marta. Lo has conseguido, estás sentada en toda tu (cof, cof) voluptuosidad irresistible sobre un guiri que podría protagonizar los sueños húmedos de una década. Lástima que en estos momentos tengas un pedal como un piano y el aspecto de Robert Smith sin maquillaje waterproof. El objetivo está cumplido: a buen seguro que formarás parte de los recuerdos más entrañables de su época de Erasmus. Ah, no, que el objetivo era calzárselo hasta la extenuación…Pos va a ser que con esta performance lo tienes complicado, reina.

Del shock la borrachera se me esfumó de golpe. Súbitamente lúcida y patética, con una revoltura de estómago del carajo y un bochorno de 9 en la escala Richter, me apeé de aquellos muslos de acero muy a mi pesar y musité un “thank you” que en realidad fue un “hasta siempre, cordero, snif”. La fiesta se terminó para mí en aquel mismo instante, como es natural. Todavía me dejé arrastrar a una discoteca, pero yo ya estaba en fase resacosa y encima no podía dejar de rememorar una y otra vez el momento palangánico…

Horas después el teléfono me sacó de la cama y del coma. Era una amiga que había estado en la fiesta. Yo estaba mareada y confusa, así que de momento no me extrañó que no entendiera nada de lo que parloteaba. Luego, sin embargo, presté atención a lo que me contaba y me espanté: mi amiga me estaba refiriendo con lujo de detalles lo que yo había estado haciendo durante dos horas y no había registrado en absoluto. Sentí pánico. Al parecer la copa de champán desencadenó un blackout durante el que hablé a diestro y siniestro con todo el mundo, me dediqué a perseguir a un pobre austríaco para evitar que fumara (¡!), me caí dentro de la bañera (wtf??) y aseguré que podía volar a quien quisiera oírlo para seguidamente disponerme a hacer una demostración práctica en la ventana: le debo la vida a un bávaro que pasaba por allí y me vio las intenciones.

Como éramos pocos, parió la abuela. Y yo pensando que tener arcadas sentada sobre el paquete de un macizo teutón había sido lo más bochornoso (y contradictorio en sus términos) de la noche, inocente de mí. Días después tuve que enfrentarme, ya sobria, a varios asistentes al evento. Hubo de todo, pero mayormente miradas de reprobación (casi todas femeninas) y muchos comentarios jocosos (casi todos masculinos). Incluso hubo quien me sugirió irónicamente que estuviera atenta al calendario menstrual, por si acaso. Esto me consternó: siempre quise tener un hijo rubio y con ojos azules, pero, honestamente, poder recordar luego la manufactura me parece condición sine qua non.


Y eso es todo. Si de cumbres hablamos, esta fue mi Annapurna particular. Pequeños bochornillos siempre hay, claro, pero en comparación con esto palidecen. Afortunadamente, lo que llamamos realidad cotidiana es como una sucesión de diapositivas, y todo se va difuminando lenta pero decididamente. A día de hoy ya no siento vergüenza al contarlo, pero persistirá siempre la incomodidad de saber que hay dos horas de mi vida consciente que me han sido hurtadas. ¿Cómo se puede hablar, percibir, moverse, actuar y no registrar nada en la memoria? ¿Podría alguien tener un blackout que durara virtualmente su vida entera y no recordar nada nunca? ¿Quién o qué sería esa persona? ¿Sería persona siquiera? ¿Tendría un yo reconocible? La repera, oigan, pero como decía Ende, esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

26 comentarios:

Ghibli dijo...

qué divertido relato! me ha encantado!

Marisabidilla dijo...

AJAJAJAJAJAJA por diox debería alzar un altar en tu honor y adorarte por este rato que me has hecho pasar

Yyrkoon dijo...

Ufff, las drogas sedantes pueden originar este tipo de mal funcionamiento en la memoria a largo plazo, te contar�a m�s pero no me acuerdo ;)

Por otro lado est� el tema de la memoria selectiva, no te acuerdas de querer saltar por la ventana ni de molestar a la gente, pero del paquetorro del efebo no te has olvidado �casualidad?, permiteme dudarlo.

Para finiquitar el tema memor�stico perm�teme recomendarte una gran pel�cula, "Memento" la �nica que conozco que, no es que empiece por el final y luego tome un hilo l�gico, es que es de atr�s a adelante. De hecho, si no lo sabes como era mi caso al principio te quedas un poco pez.

Melosos saludos,

T�o Yyr.

Ameliepinup dijo...

XXXDDD me meo toa!!
Tienes razón en una cosa, ahora ya no nos pasan esas cosas tan surrealistas, divertidas y vergonzantes.
A mi lo mas gracioso que me ha ocurrido ultimamente es coger el carrito de la compra de otra señora equivocadamente y tenerla corriendo detras de mi por un par de pasillos del súper hasta que me di cuenta.
Un besito.

La reina de la miel dijo...

ghibli, me alegro :-) Tu blog pinta muy bien, me pasaré más.

mari, qué pelota eres, maja xDD

yyrkoon, por puntos: el alcohol es bifásico, no sedante, y aquí el problema fue a corto, no a largo plazo. De todas formas nunca descarté un añadido químico en la copa. O eso o que el champán era del Mercadona.
Aquí no hubo ningún problema de memoria selectiva: el meollo es que no hubo memoria, en general. Si nadie me llega a contar las dos horas que no registré, yo habría unido el cumpleaños feliz con la palangana, como si hubieran sido momentos seguidos en el tiempo y no separados por dos horas largas, capisci? Tuve la desdicha de que se me "enchufara" otra vez el cerebro justo cuando estaba sentada sobre el tordo: la vergüenza vino con la consciencia.
Memento: película montada al revés que de haber seguido la línea temporal usual habría quedado relegada a Estrenos TV. He dicho.

Saludos melifluos :-)

La reina de la miel dijo...

ameliepinup, lo tuyo con el carrito me lo imagino con música de Benny Hill, y ya puestos, tú correteando en liguero xD

Anónimo dijo...

Joer Marta...ese blakout y tu forma de contarlo merecen un premio.
1 beso de Dany ;)

Alma Cándida dijo...

Prometo leérmelo todito religiosamente; ahora sólo pasaba por aquí para decirte que tienes un meme en mi blog (se sienteeee).

Alma Cándida dijo...

No tengo palabras, no tengo palbrsjfmngmgjdtaw6e4jjnha... JUAAAAAAAAA!!!!

¡¡Qué bueeeno, el post!!!

Yo tuve un "blackout" de esos (me apunto el palabro) en mi primera-y-como-ninguna-otra-borrachera, a la tierna edad de 14 añitos (ahora soy incapaz de trasegar ni la octava parte de entonces). Me contaron que gritaba enardecida por las calles a los marineros de la flota soviética (sí, había URSS entonces, qué pasa), que me meé fuera del váter, a cuatro patas y con la puerta abierta ante toda la family en la casa del presidente del APA de las Dominicas (era una fiesta de antiguas alumnas... ¿quién coño llevó el vino? Yo, no), que me dieron café con sal para que se me pasara (hijasdeputa) con la vomitera... y ni así.

Lo increíble del caso es que llegué a mi casa y me acosté (a eso de las 9 de la noche: yo, borracha, pero puntual) y mis padres no notaron nada.
La comunicación familiar no andaba fina, evidentment.

La borrachera me duró dos días, lo juro. A la mañana siguiente iba borracha aún por los pasillos de mi casa.
Y más cosas que me contaron pero ya no me acuerdo.

Tus comentarios sobre los rubios jocundos y erasmistas, no tienen precio. Y la onomatopeya SLURP. Ay, bandíaaaaaaa... :)

La reina de la miel dijo...

Dany, ¿el premio pueden ser los 3000 lereles del concurso de 20minutos.com? :-p ¡Vótenme, vótenme toa!

Dios, alma cándida, que me troncho!xDD. Me reconozco totalmente en lo de gritar enardecida a los marineros: así les decía yo por la calle las burradas que les decía a los holandeses la primera vez que fui, pse, como no me entendían... ¡Virgen del Tupperware, qué material, oiga!
Lo de la postura del perrito en medio de una reunión de dominicas me ha matao absolutamente...¡eso es un pasado jevi y no el de Barricada, tía!
Madre mía, qué has hecho...me has recordado cuando me perdí la despedida de soltera de mi mejor amiga porque la noche anterior...¡cacho perra, voy a tener que hacer tercera parte!!!

Alma Cándida dijo...

¡Sí, poddió, la tercera parte y las que sean!
(¿Cuál es la primera? ¿Ande está?)

Creo que en mi tiena coteza cerebral quedó una huella indeleble de aquel día, entoavía no estaba yo formada del todo como ser humano púber que era y que ya no soy, y así me va.
Lo mío es neurológico, vamos.
A POR LA TERCERAAA...

Fle dijo...

Jesus todopogüeranger, tia, que jartón de reí!

No se cual de las dos cumbres me parecen más altas, sinceramente. De cualquier forma, si después de todo eso has conseguido seguir adelante, tienes la vida ya, totalmente a tus pies y serás capaz de aguantar cualquier chaparrón que tenga idea de pasársete por tu cabeza o cercanías.

En cuanto al tiparraco del paquetón, ¿luego no hubo tema? Porque vamos, debe ser el único alemán astemio, leñe! Qué mala suerte...

Ais, en fin. Gracias por las risas, me han sentao estupendamente!
Va a sonar fatal pero, ¿no tienes más momentos rojo bochorno? :P

besicos y a sus pieces, majestá.

La reina de la miel dijo...

alma cándida, fle, perracas, tendréis lo vuestro por tercera vez, ¡brujas! xD

Yyrkoon dijo...

no dudo de tu opinión de memento, la única gracia es como se ha hecho, pero es que tiene mucha gracia eso.


Dormir...

Marisabidilla dijo...

Uy! Qué bonica te ha quedado!
A mí también me molaría cambiarla, pero ya hice el intento una vez y casi me lo cargo todo osea que...

Alma Cándida dijo...

¡¡¡Por fin!!! ¡Mis plegarias han sido oídas! ¡Formato apto para jovencillas (como yo :P) con presbicia!!!

Tantas gracias, oh, Majestad melosa...

Evamar dijo...

Jo, vaya aventura, ahora lo cuentas y hace reir pero me imagino que en su momento debió ser bastante duro. Además lo peor no es que se te hayan borrado esas dos horas de tu mente, lo peor es que haya alguna amiga tuya que esté dispuesta a recordartelas con pelos y señales, eso si que da rabia.

Besitos!

Txomo dijo...

3 cosas:

1 - por eso te recetan ansiolíticos para la urticaria, no? XD

2 - Una amiga salió una vez de fiesta con melopea tremenda y lagunas mentales incluidas. Al regresar no fue capaz de averiguar qué había sido del tampax que llevaba puesto cuando salió de casa.

3 - Que dos semanas después de fin de año te enteres de que te llevó a casa el padre de un amigo... tb es curioso xD

PD: me he reído mucho xD

La reina de la miel dijo...

Evamar, pues sí, en su momento las pasé canutas, la verdad.
Txomo, una cosa:
1)el macizo escalando el ídem, ¿eres tú? De ser así puedes venir cuando quieras y rebatir a gusto xD

Txomo dijo...

ufffff, ten cuidado con esas invitaciones o se te llenará el blog de 'rompecojones' xDDD

Saludos!

La reina de la miel dijo...

¿Eso es un sí? (pestañeo rápido y coquetuelo)xD

Txomo dijo...

aish por $DEITY...

Sí, el de la foto soy yo xD

La reina de la miel dijo...

¡Yupiiii!
Por cierto, quedas emplazado a votarme compulsivamente en www.20minutos.com a partir del 15 de octubre, cuerrrrpoooo... (xD, una vez más)

Txomo dijo...

aish ¬_¬'


xDD

Rodrigo dijo...

Menos mal, señora mía, que el síndrome de Korsakoff que padece impide que evoque usted lo acaecido desde la contemplación de la burbujeante Franziskaner sostenida por tan tentador macho teutón hasta el momento en que aquella palangana azul ocupó toda su visión periférica...

Menos mal porque la historieta ya resulta bastante obscena aún sin haber entrado en demasiado detalle. Y es que parece sacada, no se ofenda usted, del diario de Courtney Love.

Pero bien sea lo suyo chungo síndrome etílico-cerebral o desmemoriada memoria selectiva solo me queda aconsejar a todas las Mari Pilis aquí presentes que no se olviden nunca de la moraleja del asunto...

Ésa es: la vida, para el vulgar, es la lucha contra su propia esencia.

O lo que es lo mismo: un combate sin final contra los teutones con cerveza.

Prost!.

La reina de la miel dijo...

Hombre, David, me alegro de verte por aquí, aunque no se te entienda un pijo, como siempre :-)