domingo, 28 de septiembre de 2008

Cumbres Bochornosas revolutions (y ya, leñe)

Por petición popular (bueno, más bien esta y esta otra petición, pero era para darme más pisto ahora que voy a necesitar votos como una desgraciá), procedo a finiquitar la colección de lo que en mi jerga adolescente daba yo en llamar momentos pirulos. Como si de un menú de estos raros deconstruidos se tratara, hoy tenemos…

De primero, empanada matutina con sorpresa en forma de calcetín

Iba yo una fría mañana ovetense de camino a la facultad por una calle atestadita de estudiantes de todos los tamaños y pelajes cuando de una manga de la cazadora se me escurrió un calcetín. Repito: un calcetín. Al principio no pude colegir racionalmente que aquello granate que asomaba por el puño fuera un calcetín, naturalmente porque algo así era imposible. Cuando me agaché a recoger lo que se me había caído (fuera lo que fuese aquello, aún no reconocible, era mío, había salido de pí pispa) y lo cogí y comprendí, me dieron ganas de hincarme de hinojos en la acera como Willem Dafoe en Platoon y clamar al cielo tal que así: ¡Oh, Dios, cuán crueles son tus designios! ¿Tenías que someter a tu elegida a esta prueba precisamente ahora, justamente aquí, con tantos testigos, algunos que incluso la verán a diario en clase y se descojonarán vivos al reconocer a la friki del calceto??


Pues efectivamente, hay que joderse. Y todo por la puñetera manía de usar el respaldo de la silla del escritorio como perchero en lugar de colocar neuróticamente la ropa en su sitio nada más recogerla del tendedero. Con el empane habitual de los madrugones mañaneros la menda agarró la cazadora y de paso prendió lo que pilló debajo, en este caso, el famoso calcetín. ¿Cómo consiguió instalarse tan cucamente dentro de una manga? Aaah, eso ya ni idea. Yo las pasé canutas recogiéndolo, pero les digo una cosa: presenciar cómo alguien pierde un calceto que le sale del lugar más inverosímil en mitad de la calle tiene que ser para traumatizarse. Sirva este texto para expresarle mis más sinceras disculpas al pobrecillo que venía detrás de mí y tuvo que verlo todo, jope…

De segundo, filete vuelta y vuelta macerado en su propio jugo durante varias horas

Una está en una edad en la que ya no desperdicia oportunidades con aquellas excusas tan gilipichis del tipo es que estoy sin depilar o no puedo, tengo la regla. Como oí una vez en una peli italiana, el sexo es como la nieve: nunca sabes cuándo va a volver a caer, así que si hay que ir se va, oigan.
En una de estas raras ocasiones, el afortunado decidió llevarme a casa de sus padres aprovechando que los inocentes estaban de vacaciones. Ya puestos (en todos los sentidos), decidió también que la cama de sus padres era más grande y que para qué pasar estrecheces pudiendo practicar el salto del tigre en una de 1’50. Pos fale, chato, si a mí en estos momentos me vale un tatami, cómo te lo diría yo… No es que me preocupara especialmente el dato, pero ese día aún era yo muy mujer, vamos, quiero decir más mujer que el resto de días del mes, aunque las pruebas evidentes eran ya casi inapreciables y por tanto me consideré perfectamente dispuesta para un homenaje.
El homenaje tuvo lugar, pues. No es el momento ni el lugar para referir los detalles intrínsecos del mismo, y además no es el objetivo de la narración. El caso es que la noche transcurrió y la luz del alba sorprendió a los amantes dormidos (esto no sé muy bien si es más de Corín Tellado o de La Celestina: si es que no se pueden tener tantos referentes literarios, por diosss). El maromo se levantó para ir al baño y entonces…

Maromo: ¡¡¡¡Joooooo-deeerrrrr!!!
Muá (con gesto de suficiencia) Lo sé, lo sé, darling, es el efecto que produce en los hombres la visión de este cuerpo hecho para el pecad...
Maromo: ¡¡¡Hostiaaa, mi madre me mata!!!
Muá: ¿Ein? ¿Qué pasa, que tu madre solo quiere que te líes con feas? Pues vaya madre más desnaturalizada, oche…
Maromo: ¡¡Tía, pero tú mira la colchaaa!!

La colcha. Sí. Y las sábanas también. Ah, y la funda de la almohada, lo mismo. Mayormente aquella habitación parecía con luz diurna el set de rodaje de Carrie, no sé si me entienden. Se ve que con la prospección minera de la noche anterior algunas corrientes subterráneas se agitaron más de la cuenta (percátense de mi dominio del eufemismo, háganme er favó). Cuando conseguí apartar la vista de aquel festival gore lo siguiente fue mirarle a él: estaba como una pared de Altamira, pobrete. Yo no sé cómo se puede perder tanta sangre y seguir viva, ehto é increíble, que diría Bisbal.

¿Qué parte viene ahora? Pues claro: la del bochorno. A ver, una no tenía culpa, son cosas que pasan, pero el momento “ayúdame a meter esto en la lavadora, que me desheredan” pues qué quieren que les diga, lo pasé mal, ains…

De postre, sorbete-cóctel “¿Doctor, ¿es grave?” especial de la casa

No me perdonaré nunca haberme perdido la despedida de soltera de mi mejor amiga, la del aparato dental, la del atropello, la de…(joder, esta mujer sabe más de mis bochornos que yo misma). Me la perdí porque la víspera me pillé una cogorza del quince con los amigos de su novio, que habían venido de Holanda para la boda. De Holanda, insisto. A mí me dicen “Oye, que están aquí Guiri 1 y Guiri 2, van a salir a tomar algo por ahí, ¿vienes?” ¡Anda que vaya pregunta! ¿Que si voy…?
Aún diría más: ¿¿QUE SI VOY??

Fui.


Ni ví ni vencí, las cosas como son. Estos guiris no eran formato berlinés, una pena. Aun así, eran simpáticos y uno incluso era azafato y tenía su público. El caso es que yo, exaltada como estaba por las circunstancias –veranito, jiji-jaja, boda de mi mejor amiga-, me entregué a la sidra con devoción y profesionalidad. Cuando las sidrerías cerraron seguí entregándome –si es que una es así de generosa- creo recordar que al 100 Pipers, y cuando acabé con los cien gaiteros uno detrás de otro pues ya como que empieza a estar algo borroso el asunto, mmm…

Llegué a horas escandalosas a casa. Calculé que si dormía hasta las 2 de la tarde o así podría estar presentable para la despedida de soltera, que empezaba a las 7. Efectivamente, sobre las 2 desperté. Aquello era la Madre de Todas las Resacas, para resumir. Ya no era sólo el dolor de cráneo, la acidez de estómago y la lengua de esparto, sino que el más leve intento de incorporarme de la cama era como El Diario de Patricia: insoportable.


Por aquel entonces yo vivía con mis padres. Mi madre, sospecho que más por ingenuidad que por educación, nunca achacaba mis jaquecas domingueras al alcohol: la nena no puede beber tanto, no, es que es propensa a las cefaleas, la pobre (muy bien, mami, tú sigue así, campeona). Al verme la mujer en ese estado se preocupó por mi salud, lo normal. Decidí seguir tumbada en posición fetal un rato más, a ver si remitía. A las 4 volví a intentar levantar cabeza y nada. A las 6 de la tarde pedí la extremaunción con un hilo de voz y ahí fue cuando mi madre llamó al médico. Al de familia, al que viene cuando tenemos la gripe, a ese señor que saludamos con la manita cuando le vemos con su maletín por el barrio. Glups.


Cuando le vi aparecer por la habitación e inclinarse para examinarme no me pude contener. ¡¡Doctor, me late el ombligo!!, le susurré desquiciada, y le habría agarrado por las solapas con manos agarrotadas a lo Margarita Gautier de no ser porque era agosto y el pavo no llevaba chaqueta. Llevaba dos horas viendo con horror cómo algo alienígena botaba dentro de mi barriga con cada pulsación: pues que no sabía yo que llegaba hasta ahí la aorta, jaté tú…La nota naïve la puso mi progenitora, que con gesto atribulado preguntó si aquello podía ser una úlcera gástrica. No, mujer, es intoxicación etílica aguda, repuso él muy formal. ¡Pero hombre, por diooos! ¿No tenéis en la carrera la asignatura de Comunicación sutil de diagnósticos bochornosos? De verdad que lo mío con los médicos es penoso, jolín…
No les digo más que me duró la resaca 48 horas: para mí que los guiris deben de emitir alguna feromona especial que en combinación con el alcohol a mí me deja para el arrastre, porque esto ya es para sospechar, ¿o no?



Termino definitivamente esta saga vergonzosa con un highlight entrañable, algo muy rápido. Tendría yo unos 16 años cuando se me acercó un desconocido en la discoteca. Atención al diálogo, corto pero intenso, dejando bien patente que el lenguaje une pero también separa irremediablemente…

Desconocido (gritando para hacerse oír sobre la música): Oye, ¿tienes papel?
Yo (atónita): ¿Papel? ¿Pero tú te crees que vengo aquí a escribir, de qué vas??

Bendita inocencia.

15 comentarios:

Txomo dijo...

Los de mi pueblo no somos aficionados al vino... somos profesionales. Ahí va un capítulo:

En mi tierna adolescencia y aprovechando que hacían un concierto de "Discípulos de Otilia" en mi pueblo se me ocurrió pimplarme una botella de Vat 69 (a morro). Cuando se acabó el wiski (si se le puede llamar así) me pasé al calimocho y de ahí a mantener una profunda conversación con una cachimba. Resultado: me puse a planchar la oreja contra la acera. Total, que tras el reportaje fotográfico de rigor (menos mal que aún no había cámaras digitales ni internet) me llevaron a mi casa. Como no despertaba, a mis amigos se les ocurrió pedirle "café con sal" a un vecino que pasaba por allí. Y al vecino se le ocurrió que mejor llamaba a los municipales.

Así que mis amigos acabaron por llamar a la puerta de mi casa, y mi padre se asomó justo en el momento en que paraba la policía. El día siguiente fue glorioso xD

Marisabidilla dijo...

jajaja joer tía, ese momento gore ha sido too much. Es el cénit del bochorno.
Leyendo esto casi que mejor que no vinieras a las fiestas, que vete a saber como habrías acabado tú y el guiri. Miedo me da sólo imaginarlo.
Y ese momento papel, sublime.
¿y dices que es la última entrega?? jo.

La reina de la miel dijo...

Exijo txomoblog ya: a ver qué es esto de venir a lucirse a MIS comentarios, hombre ya xD (qué jodío el vecino chivato, juas)
Mari, tengo que seguir probando con guiris para saber si esto me ocurre en el 100% de las ocasiones, todo sea por la ciencia, aish...Y no me pidas más, cachoperra, que bastante he contado ya...

Marujita Robinson dijo...

Oh My Goodness, esta historia es más gore (la de la sábana) que mi primer parto, gensanta...Si te sirve de consuelo a mí una vez se me cayó una teta en medio de un guateque...
Bueno, quien dice teta dice un paquete de kleenex enrollados...

pcbcarp dijo...

Veo que aprendiste muy pronto que cuando uno prospecciona con chicas en esos días, debía hacerlo en "su" casa a fin de tener una vía de escape. O sea, a la inversa.

En cuanto a lo del calcetín... a mí una vez (yo todo trajeado y con una cartera llena de documentos importantísimos y tal, completamente rodeado de gente igual vestida) se me salieron alevosamente por la pernera del pantalón unas bragas monísimas.

Claro, que eso, a cierta edad, hasta daba cierto prestigio.

Salud y perdón por el abandono

La reina de la miel dijo...

A una una teta, a otro unas bragas...¿pero qué comentaristas desviados son estosss? Me alegro, no obstante, de que salga a colación en los comentarios el calcetín, porque por lo que a mí respecta ha sido la cumbre bochornosa que más risas me ha producido recordar, fíjense, una cosa tan inocente...

Capazorros dijo...

Ya se que esta feo preguntarlo, y más a una dama, pero.....¿el calcetín estaba limpio?¿tenía tomates? y sobre todo....¿olía?

La reina de la miel dijo...

Lo dicho: unos desviados todos...¿Pero no acaba usted de leer, capazorros de mi alma, que la causa del dislate fue colocar la ropa limpia sobre el respaldo de la silla? Era un calcetín granate de lana, fino y fragante como su dueña xD

Evamar dijo...

Por Dior, aún me estoy secando las lágrimas de tanto que me he podido reir, lo del momento cueva de Altamira ha sido glorioso y lo del papel buenísimo.

Yo quiero irme de fiesta con marisabidilla y contigo, puede ser una noche memorable :)

Besitos!!

pcbcarp dijo...

Majestad, Reina de la Miel, disculpad a Capazorros, que es que siempre piensa en la cosa de las fragancias.

Fle dijo...

Dios y la virgen sarandonga, lo que me he reído!
Voy a ir por partes, cual Jack.

Primero, da gracias que fue un calcetín, yo me conozco a una que al quitarse la chaqueta en clase se le cayeron unas bragas sucias con motivos de ranitas y noooo miro a nadie.
Por cierto, la Tierra es una japuta anoréxica que nunca tiene hambre o qué? vez que le pido, que diga, que le pide la que me se yo que se la trague, vez que hace caso absolutamente omiso.

Segundo, he soltao tal risotada cuando he visto la foto de Carrie que hasta han venido a ver de qué hostias me reía. Ar, qué duro. Y no es tanto la anécdota en sí, que también, jotía, es sobre todo cómo la cuentas.

LO del coma etílico y tu madre, bueno.. si era la primera vez que bebías pueeeeeees.
Eso sí, las flores al día siguiente todas mustias, no? porque hasta su aguita debiste trincarte.
Virgen del amor, qué bruta!
Y que digo yo que después de esto no colgarás una foto tuya para que cuando te vea por la calle alguna vez te de unas palmaditas de apoyo y las gracias por el descojone, nooo???

Ais.
Bueno, voy a votarte muchas veces, que te lo mereces encantidá.

Besicos y gracias, momentos memorables los tuyos.
Y qué bien escribes, jodía!

Fle dijo...

Pordios, mención especial a la teta de Maruja Robinson!!!!

Me van a echar del curro, cabronas!

aljorista dijo...

olé!!

La reina de la miel dijo...

Evamar, una quedada se organiza en cualquier momento, aunque ya te aviso de que yo ya estoy en una fase muy formalita: la que creo que sigue siendo una destroyer es aquí la Mari xD

Pcbcarp, en tal caso quizás le hubiese convenido más al amigo Capazorros el nick de "Perdiguero de Burgos:¿esto qué e lo que é? Hum, a ver que lo olfatee" ;-)

...Ay, que me va a votar alguien, ¡¡que me va a votar alguieeeeen!! Fle, querida, como diría una compi mía, la emoción me embraga (juas): gracias las tuyas, salada.

Aljorista, ¡arriquitaun!

Neo dijo...

Liarte una noche con Carry es lo que tiene... que te arriesgas como poco a amaneceres rojos =) qué risas! =)