domingo, 5 de octubre de 2008

Si es que las visten como putas

Desde que compré el carrito de la compra no me reconozco. Yo, que detesto las grandes superficies, me pavoneo ahora por los pasillos del Carrefour secretamente convencida de que mi macchina es la más mona, estilosa y cuca de todo el hipermercado y por supuesto de que más de una maruja me la mira con disimulada envidia. Por lo que recuerdo de la facultad, hay casos muy extremos de demencia antes de los 40: no descarto que este sea uno de ellos y esté chocheando antes de tiempo.

Una vez leí que un psicoanalista es un señor que va a un cabaret y en lugar de mirar a las bailarinas, mira al público. Siempre me he reconocido en esa frase: opino que el prójimo es el mayor espectáculo del mundo. Y si hay algo en un hipermercado un viernes por la tarde es prójimo. De todas las edades, condiciones sociales y tintes capilares posibles, desde familias calé con niño vociferante "¡aaaay, maaaaaamaaa, cómprame el doneteeeee!" a solteros con carrito -infinitamente más anodino que el mío, ande va a parar-, pasando por parejas repijas con niño único.

Estaba yo esperando mi turno en charcutería cuando me percaté de que una niña de unos tres años muy pizpireta se había apostado junto a mí, con cestita incluida, remedando los gestos de los adultos. Llevaba en la mano el papel con el número de turno y todo, y lo agitaba ufana frente al cristal del expositor cada vez que la charcutera se acercaba. Como esta táctica no le servía para sus propósitos de ser atendida a la voz de ya, se dejó de sutilezas y pasó al plan B: empezó a aporrear el expositor a dos manos mientras gritaba "¡¡eeeehhhh!!" con una voz sorprendentemente ronca, al más puro estilo de un camionero cuando se le pone un pardillo con la L delante.

En ese momento se oyó una voz de hombre detrás que la llamaba. Candela, para. Denotaba menos autoridad que un Teletubby, así que naturalmente Candela no solo no paró, sino que redobló sus aporreos. Miré hacia atrás y vi al supuesto padre de Candela, unos cuarenta años, apariencia pija estándar, pantalones chinos, pelo engominado, cara de hastío vital. Cuando asumió que la niña no pensaba hacerle ni puto caso, la cogió por un brazo y se la llevó hacia otro mostrador, donde se quedaron esperando. Entendí que era allí donde querían comprar y que Candela se había escapado para hacer la gracieta. Mientras tuve a la niña pegada a mis piernas, la perspectiva visual que tuve de ella solo me dejaba ver que llevaba una chaquetita de punto color cereza y un enorme lazo en el pelo a juego; ahora que se alejaba de mí pude ver el resto de su indumentaria.

Y se me descolgó la mandíbula inferior.

Debajo de la chaqueta llevaba un vestido beige con dibujitos también color cereza (la armonía cromática, ese gen femenino, otro día hablaremos del tema), pero ocurría que el vestido terminaba donde comenzaba el culo para así dejar que se vieran unos inenarrables pololos blancos. Calcetines cortos y zapatitos completaban el atuendo, a pesar de que aquí ya arrecia el otoño y el resto de niñas coetáneas que había por allí llevaba leotardos finos.

Observé que más gente se quedaba mirando los expuestos jamones de Candela mientras ella correteaba indolente y salvaje ajena a todo. Dentro de la contemplación del prójimo, mirar a los que miran es un ejercicio fascinante. Si entre los observadores había algún pederasta, debía de estar haciendo mentalmente ejercicios de hiperventilación en ese momento para no delatarse. Con todo, el gesto que más veces detecté fue el de lástima. Seguramente ellos veían lo mismo en mi cara.

No sé bien cuándo se forjan en un infante los sentidos del ridículo, de la moral y el más raro de todos, el común, pero intuyo que si en algún momento de tu vida has salido a la calle enseñando el culo -aunque perfectamente conjuntada, eso sí- porque tus propios padres, en los que confías y de los que dependes, te lo han perpetrado, esa impronta indigna tiene que permanecer de algún modo en tu subconsciente. Candela llegará a edad delicada y tentadora y no comprenderá por qué sus padres no la dejan salir el sábado con esa falda tan molona que enseña el tanga de hilo dental, y es que ella juraría recordar que una vez, hace mucho...

11 comentarios:

Txomo dijo...

Desde luego, si ha de heredar algo de sus padres, está claro que no heredará el sentido común.

Los niños son niños y punto... Juegan, se manchan, se caen al suelo, etc Y habría que vestirles para eso, pero a muchos padres les da por jugar a vestir muñecas... y se les va de las manos :S

Pero bueno... las de 16 ya se visten solitas y alguna también va enseñando el culo xD

Saludos de su fan nº1 xD

La reina de la miel dijo...

(¿Pero qué les das, Marta, por Dior, qué les das? Comiendo de tu mano lo tienes, ains...xD)
¿Estás malito? A ver, el termómetro...¡que no me rebates na!

Monsieur de Sans-Foy dijo...

Pobre Candela.

De mamá, tendrás el busto
y, de tu papá, las mollas.
Y heredarás el mal gusto
de unos padres gilipollas.

La reina de la miel dijo...

¡Monsieur, cuánto tiempo! Veo con agrado que sigue usted teniendo el don consonante. Y sí, pobre Candelita.

Capazorros dijo...

Lo siento. Candela es ya irrecuperable.
Seguro que, dentro de unos años, se comprara un carrito color cereza que sera la envidia del Día y de los Carrefú.

Fle dijo...

Jamía, yo tengo fotos de desnudos integrales en la playa con 3 años y no por eso he salido de mayor tan guarra como para!!

Que los padres no tengan ojos para ver que su niña va enseñándole los pololos a cualquiera que quiera verlos no quiere decir que la cría, con unos cuantos, bastantes, años más salga echa un zorrón del mil.
Eso sí, que las que van con leotardos o con pantalón de pana a los 16 también van a querer ir con la faldita-cinturón, eso fíjo, porque de eso no tiene culpa la reminiscencia sinó el Gen.

Lo que si que no tolero es que la cría se ponga a dar mamporrazos a la cristalera de la carnicería por gusto, ves? eso sí me parece mala educación, que se empieza así y se acaba golpeando cualquier cosa por inercia del querer.

Y tal.
Besicos guapaaaaaaaaaaaaa!

pcbcarp dijo...

La solucion estaria en exhibir en la puerta del Carrefur al Popo con pololos durante todos los sabados del mes.

¿no se que pasa que no me deja poner acentos, vaya, ni parentesis. Osea que se ha desconfigurao el idioma.

Marisabidilla dijo...

Bueno... a mí mi madre me llevaba bien tapadita y no veas lo ligerita de cascos que era una en sus años de juventud....
Y esos padres?, vaya irresponsables, no me jodas, llevarme así a la criatura, ¡que las temperaturas ya no están para ir enseñando cacha, coñe!. Esa pobre está hoy encamada con 39 de fiebre. Fijo.

La reina de la miel dijo...

Capazorros, menos cachondeo con el carrito, a ver ;-)

Fle, te lo he leído dos veces y no te capto yo la esencia esencial del asunto xD. Ara, eso sí, una petite sauvage,la nena.

Pcbcarp, sospecho que el Popó no es causante directo del desmán: me suena más a cosa de Momó, la muy desaprensiva.

Mari, ahí le has dao. Hay que ser nativa de recias tierras castellanas para saber que hacerle eso a una hija en octubre debería ser tipificado como maltrato infantil con resultado de congelación de miembros inferiores.

T. Cifuentes dijo...

Perdonad a los hijos, que la culpa es de los padres que las visten como pu...

Ahora en serio, la culpa es siempre de los padres, sea como sea. No soy proclive a dar hostias, pero desde luego, una a tiempo siempre es buena. Así que ya sabéis hijos, abofetead a vuestros padres.

Un placer pasarme por su blog. Gracias por pasarse por el mío. La seguiré leyendo. No lo dude.

La reina de la miel dijo...

Guionista Cifuentes, qué reciprocidad blogueril tan inmediata, pláceme, oiga...
Lo de ahostiar a algunos padres me parece una idea deliciosa, por cierto xD