sábado, 12 de enero de 2008

Aquellos maravillosos daños (a la retina)

Continúo y termino, creo que de momento, con la enumeración de los accesorios textiles ochenteros más ignominiosos que recuerdo, que, junto con el post anterior, conforman una trilogía de chorradillas que me ha divertido mucho escribir y espero a ustedes les haya solazado igualmente.
Como digo, quedaban pendientes algunos elementos de infausto recuerdo entre las nacidas en los primeros 70, hoy neuróticas solteron...digo, atractivas treintañeras, a saber:


-los cordones de lana de Don Algodón: ni foto en Google images encuentro, oigan, ya eran frikis...Venían en packs de media docena, se supone que servían para adornar melenas y los colores eran distintos según la temporada, más pastel en primavera y más ocre en otoño. Eran (¿hace falta decirlo?) la cursilada más grande jamás vista, y me resistí mientras pude durante mi época jeviata (hubiera sido algo incoherente recogerme los rizos bonjovinescos con semejante invento, ¿nor?), pero en 3º de BUP relajé mis costumbres y me compré una caja. De todas formas, he de decir en mi descargo que nunca osé ponerme los 6 cordones simultáneamente, que haberlas, húbolas...

-las camisas de leñador: también vulgarmente conocidas como "mantel de cuadros" tanto por su estampado como por su holgura. Acompáñese la prenda con unos tirantes de los de "tralarí, tralarí" (les remito a El milagro de P. Tinto) y con los ya citados vaqueros láser Vaquilla fit style. Un cuadro (nunca mejor dicho): así no ligaba ni Giselle Bündchen.

-el "plumas": para los políglotas, anorak. Había dos sectores enfrentados cual Montescos y Capuletos según el plumífero que tu mamá estuviera dispuesta a pagar (porque abrigar, abrigaban lo mismo): Rox, para el pueblo llano, y Roc Neige, para los guays. Fui dolorosamente consciente de mi clase cuando mi progenitora agarró el primer Rox azul marino y fucsia de la tienda y dijo "hala, esti ye muy guapín" (sic).

-los playeros J'Hayber: de repente, todo dios llevaba unos tanques horrendos de la marca J'Hayber, pero a mí los que me hacían tilín eran los Nike de piel blanca y con logo azul, faltaría más. Cayeron esos y luego también las Converse All Star. Fue mi único momento trendy adolescente. Como buena murphyana, tiré las Converse a la basura un trimestre antes de que volvieran a ponerse de moda con renovado furor, si es queee...

Esto
por lo que respecta a las féminas. Ellos también iban monísimos de la muerte a la discoteca, pero, cosas del egocentrismo, ya no recuerdo los detalles ridículos: gracias a P y a pcbcarp por recordarme dos ejemplos emblemáticos, como son las sempiternas camisas de cuadros -para ellos, ay, también- y los jerseys de cuello cisne asomando por debajo de la susodicha camisa. ¿Algún lector memorioso se anima a hacer otra lista de horrores, esta vez for men?




martes, 1 de enero de 2008

La banda sonora de nuestras vidas: de regalo, un frasco de Normaderm

Heme aquí de nuevo, y no pienso hacer referencia alguna a los fastos recién sufridos. Por lo que a mí respecta, ayer fue lunes y hoy es martes, una cosa de lo más vulgar que se repite semanalmente. Toda yo sigo midiendo lo mismo que las piernas de estas desgraciás y cuando me giro en la cama me topo con el cojín que meto dentro para que no me entre frío y no con Ralph Fiennes, con lo que no ha habido, pues, nada extraordinario que celebrar.


Con estos antecedentes, procedo a engordar el blog con otra entrada revival, porque la actualidad es un asco y porque vivo anclada en el pasado, hale. No se me olvida que tengo pendiente una segunda entrega de horrores estilísticos de los 80, pero hoy no toca. Hoy toca la música. Porque puedo disimular, puedo fingir que no recuerdo nada, pero una breve mirada a mis exiguos vinilos me retrotrae ipso facto, una vez más, a la dorada época en la que Bruce Willis aún se peinaba (poco, la verdad).


Efectivamente, hubo una época en la que yo compraba vinilos. Esto, que actualmente suena de un indie que te cagas y me catapultaría a la élite de las modernasdemierda, era en aquellos tiempos lo más normal del mundo, a no ser que fueras de los horteras que compraban cassettes (por dios, nunca supe cuántas eses y/o tes lleva la palabrita: ante la duda pongo dos de todo)...Ejem, ¿horteras, dije? Vale, lo confieso: tengo un porrón de cintas de psicofonías por ahí rodando: juro y perjuro que en su momento contenían música reconocible y todo... Entre mis discos -qué olor, qué fetichismo, qué nostalgia- recuerdo por ejemplo alguno de...



-Rick Astley: inolvidables el impacto visual y la confusión mental de la primera vez que le vimos el careto: ¡pero si es pelirrojo y, pa más inri, lampiño!. Nadie nos había preparado para esto en Los 40, qué pérfidos. Semanas bailoteando con el vozarrón de lo que nos imaginábamos un negrata con serios problemas para no reventar las costuras de las mangas, y resulta que el chaval era Pumuky, joer, qué fuerte...



-Bros: la muestra más evidente de que Herr Professor Mengele aún vivía hace 20 años y, lo que es más, se había acogido a la ley de prolongación de la vida laboral más allá de los 65: si aquellos gemelos no eran un ejemplo de su talento para fabricar arios a la carta, que baje Dios y lo vea. El tercero en cuestión, una versión escuchimizada del asunto, cumplía la norma no escrita en todos los tríos artísticos: nadie sabe qué coño pinta ahí el tercero. Véase si no al barbas de Martes y Trece o al que no era ni Diego Vasallo ni Mikel Erentxun en Duncan Dhu, por cierto...¿cómo se llamaban? xD.





-Aha: otro trío que sigue escrupulosamente lo anterior: dos macizos y uno de relleno...bueno, relleno más bien poco, porque este tirillas aquí a la derecha era la antítesis del ejemplar nórdico sobrealimentado. La publicidad dice que la crema de manos Neutrogena es lo mejor que Noruega ha dado al mundo: pos va a ser que no. Morten Harket, antes de transmutar en la abuela de Yulupuki, estaba más bueno que el salmón de Bergen, ay, si es que no somos nada, y en bañador ya ni te cuento...






-Eight Wonder: "Take away these dogs from me", recitaba -que no cantaba- con su vocecilla Patsy Kensit mientras ponía posturitas y reviraba la cadera asín. Tan virginal que parecía y va luego y se deja embarazar nada menos que por el Gallagher broncas de Oasis, una pareja mucho más contra natura que Parada y Sebastián el pianista, dónde va a parar. El disco, sin embargo, no estaba mal, era agradable de oir: debido a la penuria decibélica de la frontwoman supuso el antecedente directo de los cedés del Doctor Estivill para que se duerman los nenes en su cunita.
Gensanta, estoy agotada con tanto viaje al pasado, pero díganme, los que lo han vivido, ¿no lo echan de menos...?