sábado, 22 de marzo de 2008

Hoy que trabaje otro

Como nunca hago homenajes, excepto a mi propio egocentrismo desaforado, hoy me enmiendo y me apetece transcribir un breve cuento de Quim Monzó, a quien admiro e intento plagiar sin éxito desde El porqué de las cosas.
Allá va.

En un tiempo lejano


He aquí que una madrugada azul, de nieves blancas y arenas infinitas y glaciares como lenguas llorosas, el homínido se alzó sobre las dos patas de atrás y bajó los ojos hacia una tierra que ahora, de golpe, le quedaba lejos y movediza, y dilató las narices y olfateó la humedad del río y se dio cuenta de que olfateaba la humedad del río, y gruñó de contento, y volvió los ojos hacia el sol rojo que nacía más allá de prados y montañas y extensiones de tierra negra y horizontes de hierba y cabalgatas de animales eternos como el tiempo, y bajó la mirada y miró con fijeza la encina y levantó el puño y alargó el dedo índice, señalando la masa vegetal que susurraba ante él, y sintió cascadas de agua en la boca, pequeños gritos inconcretos, chillidos toscos: Agr gr gr ga arg; hasta que el gruñido se convirtió en palabra y vocalizó: Ar a arb abr arb arbo l, y repitió: Árrbol, y el índice todavía señalaba la encina, hasta que lo dirigió a la inmensidad azul que se extendía de una lado a otro del día que nacía sobre su cabeza como un dios de dos dimensiones infinitas y dijo: Ci c ce cie cielo, y lo repitió, abrió unos ojos como naranjas, todavía inseguro, y señaló el río y vocalizó: A a ag agu gb a agua ua, y sonrió satisfecho, con los ojos llenos de una alegría reluciente, y pisó el suelo con fuerza, toc-toc, y la señaló con el índice y vocalizó dificultosamente: Pa pso pacost païco pasio ta, y ya con más calma: Paaï sos ca atlanns, sonriente y jovial, sin saber la que acababa de armar.



Un cachondo, este Quim. Aquí y en la China Popular.

sábado, 15 de marzo de 2008

Yo he visto cosas en Wembley que vosotros no creeríais

...pero siempre podéis haceros una leve idea con el DVD a todo lujo que Muse saca a la venta el 17 de marzo con los conciertazos de junio de 2007.




¿Yo voy? Amos anda, después de haber vivido esto que le den al Rock in Rio Madrid... (el cartel aún no está completo, pero no se les ocurrirá mezclarme a Muse con El canto del loco, ¿verdad?...¿VERDAD??)

lunes, 10 de marzo de 2008

Varuna

Todo viaja lentamente hacia su difuminación
(Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí)

Apenas puedo hacer una corta lista de media docena de elementos cuando quiero entresacar recuerdos de esta neblina pegajosa que llamo consciencia. Si se quiere por orden cronológico, pongamos por caso, emerge de la niebla una cestita de paja en miniatura, claramente accesorio infantil, con un Bambi de tela cosido en una cara. Ahí se empeñaba en llevar su merienda esta que os habla cuando algún adulto la llevaba al parque a jugar y airearse. Precisamente en el Parque de Isabel la Católica perdí una tarde de vista a Bambi y ya no supe más de él ni de su cestita adosada. Con un poco de esfuerzo casi puedo experimentar un sucedáneo de la angustia que me asaltó entonces, niña con los ojos más abiertos que nunca, con las vísceras encaramadas a la garganta, mamá, la cesta no está, seguramente lloré, ya no puedo recordarlo.
La pérdida, la despedida, la gran lección que nadie domina nunca del todo, a pesar de que nos examinamos constantemente.

Después de Bambi y durante muchos años, el abismo del presente contínuo, la inconsciencia perpetua del olvido: si perdí más cosas queridas, que seguro que sí, no soy capaz de acordarme. El siguiente elemento de la lista tiene que esperar hasta 1996. Esperar a ser ideado, creado, fabricado, puesto a la venta y adquirido por mí. Era un marcapáginas artesano, una reproducción de gran colorido de motivos artísticos típicos bretones, volutas celtas emparentadas con trisqueles y lauburus, comprado en Lorient en un viaje casi diría que iniciático.
Al año de estar conmigo me dejó: se fue con un libro cualquiera de la sección de Neurología de la biblioteca pública. De nuevo ese puñetazo en el plexo solar al darse cuenta una de que mierda, otra vez. Hice un par de incursiones discretas para recuperarlo que, naturalmente, resultaron inútiles: revolví hojas con manos nerviosas y ceño fruncido, sin desmerecer mucho del ambiente de concentración estudiantil que me rodeaba. Nada, marcaba ya páginas para otros, tentador y majestuoso.

No fue esa la única pérdida de ese viaje. Como manda la lógica, ningún ser humano pasa por este Mundo sin haber extraviado al menos un paraguas, y yo soy -también en este aspecto- muy vulgar. Había traído de Lerwick uno rojo y minúsculo, cuya función nunca supe muy bien discernir teniendo en cuenta su procedencia: no soportaba el mínimo embate del viento y no cubría la anchura de unos hombros medianamente formados, justo lo más incoherente en una isla perdida en el Mar del Norte poblada por unos escoceses con hechuras vikingas. Aún así, lo guardé con mimo en el paragüero, a cuerpo de rey, mientras los demás compañeros aguantaban nordestes y chuzos de punta, hasta que una estúpida tarde, ay, me apeteció exhibir su delicada pequeñez y lo saqué conmigo de compras.
No volvió a casa esa noche. A veces imagino con nostalgia qué cara pondría su nuevo dueño al abrirlo y ver unas letras a Bic azul en la etiqueta junto al 100%polyester (comprado en Lerwick, Shetland, el 17 de agosto de 1996).

No sé, ¿y si los objetos que vamos perdiendo nos llamaran con vocecillas inaudibles? ¡Por ahí no, no te vayas, no me dejes aquíii! Pero en ese momento no oímos nada, no sabemos aún que lo hemos perdido, el lamento llegará tarde, como siempre. Por esa idea descabellada aún sufro poniéndole voz al anillo de plata y concha marina esmaltada que abandoné en un albergue perdido en un monte toscano hace tres años, desesperada como estaba por huir precipitadamente de aquella pesadilla siniestra y pseudo hippie, anillo solitario en la oscuridad del cuarto de baño mientras yo me alejaba, monte abajo, y me empolvaba la nariz en el coche sin sospechar que...

Queridos míos, ¿os cuidan bien? ¿Guardas ricos bocadillos de jamon york y quizás un petit suisse? Y tú, ¿señalas la página 78 de alguna antología de cuentos cortos? Tú no me digas nada, ya lo sé: has terminado protegiendo la cabeza de la sobrina de 7 años de alguien, mira qué mono, tan pequeño, me lo encontré ayer. En cuanto a ti...notas la calidez, por fin, de otra mano posada sobre esa que te lleva en su anular. Siento no haber podido darte eso mientras te tuve, y es tan largo el olvido...

viernes, 7 de marzo de 2008

sábado, 1 de marzo de 2008

Posiblemente el peor videoclip del mundo

A pesar de todo, la canción me obsesiona y vuelve a mí de forma recurrente, cual Cathy golpeando de noche en el cristal...


PD: atención al amago de pino-puente en el minuto 1:25