jueves, 30 de octubre de 2008

Verdades como puños, suma y sigue

¿No es acaso un hecho fisiológico que el ser humano no tiene ninguna experiencia directa, salvo la de su organismo? Es decir, todas las percepciones, recibidas a través de los canales perceptivos exteriores o interiores, se experimentan en términos de estados del sistema nervioso. Por lo general no nos damos mucha cuenta de ello. Es un hecho que se reprime, porque cuando miramos hacia nuestro campo visual, asumimos que está afuera; todo cuanto vemos está más allá de la piel que nos cubre la cara. Por eso no nos damos cuenta del hecho de que es más exacto considerar que el campo visual es una sensación del sistema nervioso óptico y que está dentro de nuestras cabezas. Traducimos los cuantos de luz en estados de nuestras neuronas y, más que estos cuantos, conocemos los estados de nuestras neuronas. Pero este hecho, que normalmente se relega y se elimina de la mente, bajo condiciones determinadas podría muy bien hacerse consciente y convertirse en una experiencia palpable para el individuo. De esta forma creería lo que en sentido neurológico es literalmente verdadero: que sus movimientos, estados, la apariencia de los demás y de las cosas, son formas de sí mismo, por lo que podría decir con fundamento: "yo soy también todo este Mundo".
Alan Watts, Qué es la realidad

lunes, 27 de octubre de 2008

Nueva sección: Verdades como puños

Mi mente y el mundo están compuestos por los mismos elementos. Lo mismo ocurre para todas las mentes y sus respectivos mundos, a pesar de la insondable abundancia de interacciones mutuas. El mundo me es dado de una sola vez: no uno existente y otro percibido. Sujeto y objeto son una misma cosa. Y no podemos decir que la barrera que los separa se ha roto como consecuencia de la experiencia reciente en la física [cuántica], porque esa barrera no existe.


Mente y materia, Erwin Schrödinger, Premio Nobel de Física 1933

domingo, 19 de octubre de 2008

La verdadera causa de la desaparición de la capa de ozono

A veces hay que ponerse serios. No todo va a ser cachondeo, bochornos, jiji-jaja y vecindario escandaloso. Hoy toca un documento científico de primer orden, algo que ha llegado a mis manos de manera inopinada y debo compartir con todos ustedes.
Es mi obligación moral dar a conocer que el cambio climático que nos asola (¿o era asuela? es que suena como el culo, oigan) tuvo su origen en los fecundos años ochenta, años en los que se emitieron a la atmósfera toneladas de laca, y lamentablemente no de la ecológica que anuncia la Pe, como tristemente las generaciones posteriores han podido comprobar.
A continuación, la evidencia gráfica de esta hipótesis escalofriante:

Atención especial a :

-Minuto 00:16: emerge el Cuarteto de la Muerte de entre las brumas. Nuestro cerebro no es capaz de asimilar en tiempo real que exista una criatura híbrida entre Josema Yuste y Stewie, pero existe: es el cantante, el miembro con mayor número de fans de cualquier banda. Cielo santo.

-Minuto 3:40: en un atrevido primer plano del interfecto en el que le come la oreja a la torda, se puede apreciar sin ningún género de duda que el solista, además de feo como un pie y hortera a más no poder, cecea cosa fina. I hear the zecretzs that you keep, when you're talking in your zleep, dice el animalico.

No sé cómo les habrá quedado el body. Yo estoy afectadísima, a la par que intrigada: por muy famosos que fueran los andobas estos, ¿habrán sido capaces de meterla en caliente alguna vez durante la gloriosa época ochentil?

domingo, 12 de octubre de 2008

Vota y haz lo que quieras*

*Versión libérrima y repugnantemente electoralista de San Agustín, de profesión ex crápula.

Sielos, lo hise. Yo, que evito postularme a nada, que la primera decisión que tomé cuando en 2º de BUP resulté subdelegada de clase fue presentar mi dimisión irrevocable, me presento en un arrebato de locura al Concurso 20 blogs de 20minutos.com.





-¿Que se presenta la petarda esa de los bochornos?? ¡No jodasss! ¿Y ahora qué hacemos con el blog sobre terrorismo chiíta? ¡Que nos hunde, Rossy!




Para estas cosas en la que entra el azar, como son el juego y los certámenes de lo que sea, siempre he tenido como lema la magnífica frase de Mark Twain que dice "Nunca apuestes: si sabes que has de ganar eres un pícaro, y si no lo sabes eres un tonto". Pues bien, seré tontita yo -tenía indicios, humm, eso sí...-, pero hoy quiero pantojilmente confesar que pongo en ustedes mis ilusiones de quedar en digna posición en esta lid.


-Er blos de ehta muhé é im-prezionante. En doh palabrah: vótenla toa.

(Gracias, figura. Ya te mando el Joselito por mensajería urgente)


Las votaciones se abren el miércoles día 15 de octubre y se cierran el 2 de noviembre. Háganlo. Vótenme. Vótenme toa, inclusive. Tres mil euros no son mucho en términos absolutos, pero para invitar a unas rondas a mis fervientes fans el día de la entrega de premios segurísimo que dan, vamos, eso está hecho...

Para finalizar, rubia enseñando muslaco y pidiendo el voto, para que cale en el iscociente masculino, que yo sé que algún admirador tiene este blog y hay que tenerlos contentos, criaturicas...



martes, 7 de octubre de 2008

Gritos y susurros

Ayer al llegar a casa subí con mi vecino. La conversación giraba en torno a los topicazos veciniles habituales hasta que de pronto sucedió lo que sigue.

Vecino: ...oye, una cosa, ¿tú oíste el otro día los gritos que pegó la del cuarto?
Yo (ojiplática): ¡¡Síiiiiii!! ¡¿Era la del cuarto?! ¡Joder, es que no sabía si era en este o en otro edificio! Qué fuerte, ¿no?
Vecino: Jo, sí, yo subí a ver qué pasaba y todo...
Yo (pattydiphusa): ¿Cómo que a ver qué pasaba? Hombre, era evidente, pero podía disimular un poco, vamos, digo yo...
Vecino: Ya, no sé, pero es que la pobre pedía socorro y eso...
Yo: (¿Que pedía qué?? "La pobre", dice xDD...) Mmm, yo eso ya no lo oí, pero socorro debía de pedirlo el que estaba con ella, juas.
Vecino: Sí, para el acompañante tiene que ser duro...
Yo (muerta de risa): Sí...¡sobre todo duro! xD
Vecino (algo confuso): Luego hablé con el marido...
Yo (descojonada): ¡Pues sería para felicitarle, macho!
Vecino (mirándome ya raro):...Ehhh, no, bueno, venían del hospital, al parecer...
Yo (ojiplática again): ¿¿Del hospital?? Por dios, ni que fuera la primera tía que...
Vecino:...al parecer fue un ataque de ansiedad muy gordo.

Ahí.

Justo ahí me di cuenta de que:

a) no estábamos hablando de la misma mujer

b) no estábamos hablando de los mismos gritos

c) estaba en disposición de otra entrega de cumbres bochornosas

¿Qué pasa, que en este barrio TODO EL MUNDO GRITA? (...ooops)

domingo, 5 de octubre de 2008

Si es que las visten como putas

Desde que compré el carrito de la compra no me reconozco. Yo, que detesto las grandes superficies, me pavoneo ahora por los pasillos del Carrefour secretamente convencida de que mi macchina es la más mona, estilosa y cuca de todo el hipermercado y por supuesto de que más de una maruja me la mira con disimulada envidia. Por lo que recuerdo de la facultad, hay casos muy extremos de demencia antes de los 40: no descarto que este sea uno de ellos y esté chocheando antes de tiempo.

Una vez leí que un psicoanalista es un señor que va a un cabaret y en lugar de mirar a las bailarinas, mira al público. Siempre me he reconocido en esa frase: opino que el prójimo es el mayor espectáculo del mundo. Y si hay algo en un hipermercado un viernes por la tarde es prójimo. De todas las edades, condiciones sociales y tintes capilares posibles, desde familias calé con niño vociferante "¡aaaay, maaaaaamaaa, cómprame el doneteeeee!" a solteros con carrito -infinitamente más anodino que el mío, ande va a parar-, pasando por parejas repijas con niño único.

Estaba yo esperando mi turno en charcutería cuando me percaté de que una niña de unos tres años muy pizpireta se había apostado junto a mí, con cestita incluida, remedando los gestos de los adultos. Llevaba en la mano el papel con el número de turno y todo, y lo agitaba ufana frente al cristal del expositor cada vez que la charcutera se acercaba. Como esta táctica no le servía para sus propósitos de ser atendida a la voz de ya, se dejó de sutilezas y pasó al plan B: empezó a aporrear el expositor a dos manos mientras gritaba "¡¡eeeehhhh!!" con una voz sorprendentemente ronca, al más puro estilo de un camionero cuando se le pone un pardillo con la L delante.

En ese momento se oyó una voz de hombre detrás que la llamaba. Candela, para. Denotaba menos autoridad que un Teletubby, así que naturalmente Candela no solo no paró, sino que redobló sus aporreos. Miré hacia atrás y vi al supuesto padre de Candela, unos cuarenta años, apariencia pija estándar, pantalones chinos, pelo engominado, cara de hastío vital. Cuando asumió que la niña no pensaba hacerle ni puto caso, la cogió por un brazo y se la llevó hacia otro mostrador, donde se quedaron esperando. Entendí que era allí donde querían comprar y que Candela se había escapado para hacer la gracieta. Mientras tuve a la niña pegada a mis piernas, la perspectiva visual que tuve de ella solo me dejaba ver que llevaba una chaquetita de punto color cereza y un enorme lazo en el pelo a juego; ahora que se alejaba de mí pude ver el resto de su indumentaria.

Y se me descolgó la mandíbula inferior.

Debajo de la chaqueta llevaba un vestido beige con dibujitos también color cereza (la armonía cromática, ese gen femenino, otro día hablaremos del tema), pero ocurría que el vestido terminaba donde comenzaba el culo para así dejar que se vieran unos inenarrables pololos blancos. Calcetines cortos y zapatitos completaban el atuendo, a pesar de que aquí ya arrecia el otoño y el resto de niñas coetáneas que había por allí llevaba leotardos finos.

Observé que más gente se quedaba mirando los expuestos jamones de Candela mientras ella correteaba indolente y salvaje ajena a todo. Dentro de la contemplación del prójimo, mirar a los que miran es un ejercicio fascinante. Si entre los observadores había algún pederasta, debía de estar haciendo mentalmente ejercicios de hiperventilación en ese momento para no delatarse. Con todo, el gesto que más veces detecté fue el de lástima. Seguramente ellos veían lo mismo en mi cara.

No sé bien cuándo se forjan en un infante los sentidos del ridículo, de la moral y el más raro de todos, el común, pero intuyo que si en algún momento de tu vida has salido a la calle enseñando el culo -aunque perfectamente conjuntada, eso sí- porque tus propios padres, en los que confías y de los que dependes, te lo han perpetrado, esa impronta indigna tiene que permanecer de algún modo en tu subconsciente. Candela llegará a edad delicada y tentadora y no comprenderá por qué sus padres no la dejan salir el sábado con esa falda tan molona que enseña el tanga de hilo dental, y es que ella juraría recordar que una vez, hace mucho...