viernes, 24 de abril de 2009

Filología pura

Como creo haber dicho aquí hace ya tiempo, mi nunca bien ponderado padre me enseñó a leer a los tres años, algo que según las leyes educativas (?) actuales seguramente sería considerado abuso de menores contra natura. Desde entonces -y son ya casi treinta y cuatro años los transcurridos- he disfrutado todas y cada una de las palabras que he ido aprendiendo, he memorizado gustosamente acepciones raras, epítetos bizarros, definiciones curiosas. He amado las palabras tanto que para mí el Logos crea el mundo, lo que no se nombra no existe.

Por culpa del aislamiento que nos procura el solipsismo, no estoy segura de poder entender cómo perciben los demás la urdimbre de las cosas (urdimbre, hay palabras bellas per se, como objeto autónomo). Seguramente habrá quien lo clasifique todo en luminosas estampas visuales, o en vivos sonidos o aromas. Mi Mundo, sin embargo, es verbal. Mi Universo está formado de palabras, y con palabras trato de apresarlo. Me afano concienzudamente en ampliar mi vocabulario, día tras día, año tras año, en un conmovedor intento de expresarme, de llegar con distintos registros al mayor número de personas posible, de minimizar el malentendido. De no estar tan sola, en definitiva. Cuando cuento algo me siento reconfortada, cuando escribo algo me imagino imperecedera.
Llevo desde los tres años luchando contra la Nada sin saberlo. Aun recuerdo el calor de la mano de mi padre guiando la mía en aquellos Cuadernos Rubio. Hiciste lo que pudiste, papá. Gracias por darme los pertrechos para esta batalla perdida de antemano.



6 comentarios:

Biónica dijo...

Buen regalo que te hizo tu padre... Aunque lo que odiaba yo los cuadernos de Rubio, los de problemas y cuentas. Esos sí que me daban problemas.
Yo colecciono palabras. Cuando era más pequeña, cuando aprendí a leer se hizo para mí la luz (ya que la tele ni la podía seguir), y entonces coleccionaba palabras que nadie usa. Las palabras que más me gusta coleccionar son aquellas cuya sonoridad me hace gracia. O los diferentes modos de decir una misma cosa, los mil sinónimos que hay y que no usamos.
Un besazo! (Soy Deafchina, que ahora me he cambiado el nombre y el blog jejeje)

Capazorros dijo...

Si señora, urdimbre es una bonita palabra, casi tan bonita como cerveza.
Un saludo.
Tu padre era un hombre sabio.

Pat dijo...

Me has dejado ahíta de palabras... sin ser fatua propiamente, me encantó la herencia paternal. Amenazo con empezar a leerte, despacio y con comas... dices tanto y nada... pero aprendo palabras, ya sabes esas colecciones breves que destiñen ideas. Amenazo, y vuelvo.

BUENAS NOTICIAS dijo...

Mi mundo también es verbal pero, a veces, siento que las palabras pueden ser una prisión. No para crear mi mundo sino, sobre todo, para compartirlo; en el momento de comunicarme, ¿quién me asegura de que el receptor del mensaje capta los signos que yo le envío? ¿es posible la comunicación total?
Aparte de esto, me ha gustado descubrir la palabra solipsismo.
Un beso, honey queen!

Marisabidilla dijo...

¡¡Y lo bien qué lo hizo el Papi!!, Reina.

Y gracias a tí por enlazar solipsismo a la Wikipedia....

X dijo...

Ese conmovedor intento de llegar al máximo número de personas posible es lo que me lleva a mí a ir aprendiendo nuevas lenguas. Y es que me gustaría entender a todo el mundo.