miércoles, 19 de agosto de 2009

Un finde entre ataquines y tembleque

No, oigan, no se crean que soy una exagerada y que empleo las metáforas con demasiada ligereza, porque efectivamente me he pasado un fin de semana atacaíta de los nervios por lo que les voy a relatar en breve, pero es que también geográficamente hablando el tema ha transcurrido entre Ataquines (provincia de Valladolid) y Tembleque, encantador lugar de la provincia de Toledo al que no tuve el placer de llegar porque arrivé a Lillo y me quedé.


Lillo es el típico pueblo de Castilla-La Mancha que a simple vista parece desierto en plena noche agostí a 39 grados, pero a poco que aguzas el oído y pones los ojos asín como ranuras empiezas a notar leves movimientos que indican vida humana, mayormente adoptando la forma de abuelas con batita fresca de algodón sentadas en sillas plegables a la puerta de su casa a horas indecentes para una dama provecta. A mí esos pintoresquismos me fascinan, tengan en cuenta que vivo en una zona donde a las niñas nos enseñan a salir a la calle, sea la estación del año que sea, "con una chaquetina por si refresca" antes que a rechazar caramelos de desconocidos siniestros.



En fin, que una vez constatado el hecho de que Lillo no solo no estaba desierto sino que en las aceras había overbooking de familias manchegas, nos encaminamos a nuestro alojamiento, una preciosidad llamada Hospedería El Convento que les animo enérgicamente a disfrutar si viajan por esos andurriales. Eso sí, si tienen previsto dormir háganme caso y pidan la habitación número 8, que es interior. La conocida expresión pasar una noche toledana debió de acuñarla alguien al que le asignaron una habitación exterior, de las que dan a la llena de borrachos concurridísima terraza de verano, la madre que los parió a todos...



Como digo, Lillo es un pueblo de los de toda la vida, donde los paisanos trasiegan copazos de ponche Caballero a las 8:45 AM, que lo sé yo porque mientras me tomaba un café en la barra del único bar abierto a esas horas el 15 de agosto, el mesonero -palillo comisuril y cara de malísima leche- servía pacharanes y ponches a destajo. Menudo ambientazo había en el local, oigan, que ni el Pachá ibicenco, vamos. ¿Y qué hacía yo un ferragosto antes de las 9 de la mañana rodeada de jubilados torrijas en medio de la nada manchega? Pues prepararme para llegar nada menos que aquí en los 15 minutos siguientes.



Sí, amado público: he saltado en paracaídas. ¿Se comprenden ahora los ataquines de nervios y el tembleque de piernas?



Hacer un salto tándem en paracaídas es una cosa peculiar. Consiste en que un muchacho al que acabas de conocer hace cinco minutos te arrime la cebolleta al culo con alevosía y, mientras otro al que tampoco conoces de nada insiste en que sonrías a la cámara, el primero te empuja fuera de una avioneta a 4000 metros de altitud. Unos desconsiderados ambos, no me digan que no...
Momento tembleque: la víctima haciéndole jurar por su madre al instructor que no es un becario en prácticas.



Momento ataquín: la víctima con las piernas colgando en el vacío a 4000 metros y, lo que es mucho peor, permitiendo que la inmortalicen con ESE gorro infame con el que parece un escarabajo extra de La Abeja Maya.

Momento argh: la víctima dándose cuenta de que se le ha olvidado la biodramina y calculando así a ojo en qué lugar de Castilla-La Mancha va a aterrizar el café con leche del bar de viejunos.



Una experiencia inenarrable, amigos. Hay que vivirla, no valen las palabras. Muchas gracias, una vez más, a Pablo Rúa, mi instructor tándem, y a Shunkka, mi sonriente cámara. Y cómo no, a ti, por haberme regalado el cielo.

8 comentarios:

Biónica dijo...

Uoooo!!!

ME has abierto boca xD, aunque estoy contigo en que se te arrime la cebolleta así sin conocerse mucho ni ná... Qué bueno!!

Suscribo lo de los bares: esto es la Ejpaña profunda xD, y está representada en muchas comunidades ;)

Bufón Cósmico dijo...

Oye y una pregunta escatológica. Si de repente se te afloja el muellecillo y te echas un pedorro, fruto del pánico, le aciertas al instructor o es un mito?

Yo debo probarlo un dia de estos.

Saludos!!

La reina de la miel dijo...

O más bien nunca había volado tan alto, De2en2, jomío, que mira que eres negatifo, eeh? :-p Gracias por todo.

Biónica, que te arrimen la cebolleta descaradamente con tu churri delante y no tenga consecuencias tiene su gracia, sí xD

Bufón Cósmico, eso casi que te lo puede referir con todo lujo de detalles el antedicho De2en2, que es un experimentado chico de altos vuelos. Y sí, pruébalo, merece la pena.

Capazorros dijo...

Hubo una vez, hace muchos años, que estuve tentado. Un amiquete que lo hizo antes se rompio un tobillo la semana antes saltando y........ se acabo la tentación. Sí, ya lo se, parece mentira que un superheroe como yo reconozca estas cosas, pero es lo que hay, entre mis superpoderes no esta el volar.
Un saludo con los pies en la tierra.

Marisabidilla dijo...

Me alegra que usted la disfrutara tanto, la experiencia digo. Pero lo de hay que vivirla... no sé yo, no sé yo. Sigo pensando que mi control de los esfínteres no es lo suficientemente bueno para semejante aventura

Besos mil

BUENAS NOTICIAS dijo...

Ahi va, qué valiente, Honey Queen. La verdad es que mil veces he pensado que me encantaría hacerlo y dosmil veces más he pensado que ni jarta de vino...

Banshee dijo...

Joer, ole tus güevos! a mí buscadme picando piedra a pleno sol antes que volando por los cielos manchegos, no estaría preparado para semejante estrés...

La reina de la miel dijo...

Mister Capazorros,le comprendo: a mí también me da miedo saltar sola sin muchacho restregando cebolleta, aish...

Marisabidilla, en el aeródromo son majísimos: en el mostrador de la oficina, de la que pides que te graben en dvd, puedes pedir un Huggies de esos y solucionao xD

Buenas noticias, just do it, ya sabes.

Banshee, te aseguro que con la experiencia se libera estrés, no se genera: créeme, nunca habrás gritado tanto en tu vida :-)