jueves, 10 de diciembre de 2009

Lecciones en medio del naufragio

Desde que recuerdo he sido recopiladora concienzuda de aforismos y frases contundentes, y así he cimentado muchas de mis opiniones (o, como se me reprochó, de mis certezas): en palabras copiadas o admiradas de otros.

Mi pensamiento, tan bien expuesto a veces, con tanto aplomo, con apostillas tan precisas de vez en cuando, es una impostura. Mi respuesta para todo es tan solo un archivo de préstamos bien dispuesto para cada momento.

Mi seguridad es, lisa y llanamente, falsa.

Pero a lo que iba. Hay una frase del guión de Mi vida sin mí que me dejó sin aliento en el momento en que la oí, y ya quedó siempre en mi memoria, preparada para cuando hubiera de serme útil. Decía que cuando se conoce a alguien, y se le conoce bien, sólo vemos el cincuenta por ciento de esa persona. Querer conocer el otro cincuenta por ciento lo destruye todo.

Creo que tienen razón las filosofías orientales que afirman que toda la sabiduría que necesitamos ya la llevamos dentro, pero no lo sabemos. Si me impactaron esas palabras fue porque de alguna manera supe, sentí que eran ciertas, pese a que iban contra mi convicción básica de que hay que conocerlo todo, siempre.

A mí me cuesta un mundo renunciar a saber. Cada dato, cada información nueva que atesoro va directa a mis centros cerebrales del placer. En mi escala personal de valores, querer conocer siempre ha sido más loable que querer a secas. Además, ¿cómo es posible siquiera apreciar sin conocer? ¿Quién puede resistirse a destripar el mecanismo oculto del autómata que todos llevamos dentro…? ¡Es mi obligación racional entenderlo todo, de todo, de todos! Y sin embargo…

Sin embargo es a base de golpes como se aprende que hay cosas que deben permanecer en la sombra, que igual que hay palabras suicidas que dinamitan aquello mismo que nombran, también hay fangos que cumplen su labor callada y humilde en el fondo de las almas, en quietud, pero que enturbian y hasta envenenan las aguas de la vida en cuanto se revuelven…No, no siempre conocer todo a toda costa es bueno. No, nunca hay que exigir conocer los recovecos de nadie. Y mucho menos si le queremos.

He pensado muchas veces que la manera más pura de amor es el que se tiene por un animal doméstico. El gato que me mira muy quieto desde el cojín no es nada más que lo que Es: no anticipa, no recuerda, no se desilusiona, no alberga resquemores, no se hace expectativas, no finge, no traiciona... Simplemente ES.
Tener un animal cerca es un privilegio y una continua enseñanza. Es la expresión más auténtica de lo que significa Ser Ahora, en un presente real y palpitante que emociona tanto cuanto más me alejo. Porque aunque ahora acaricie su lomo y sienta su ronroneo, no estoy aquí con él, no estoy viva como lo está él, porque estoy inmersa en espirales ficticias de un pasado tan reciente como inalcanzable o volando a un futuro incierto que también me angustia…

Yo no quiero conocerle. Al gato, digo, no necesito conocerle, tan solo le quiero. Y es un sentimiento tan puro que es inconcebible dejar de hacerlo. Empecé a quererle en el momento que entró en mi vida y ya no podré dejar de quererle nunca. El gato tampoco puede no quererme, no huirá un día de mí, no perderá la ilusión, porque vive en un presente continuo mágico, porque es pura vida, porque yo solo existo Ahora para él, no ayer ni mañana...

Me gustaría que las personas nos quisiéramos así. De todo lo que me hace sufrir, quizás lo más inasumible para mí es cómo alguien que te quiso una vez puede llegar a dejar de hacerlo. Pero al fin y al cabo qué derecho tendré yo a pedirle a nadie que me quiera como un gato, cuando yo insisto ciegamente en destripar autómatas…

4 comentarios:

Grénmabar dijo...

Lo del amor inevitablemente ligado al dolor me lo paso por el forro.

Lo de dejar de vivir el presente para enterrarse en el pasado o para correr hacia el futuro es una forma limitada de verlo (es má sencillo incurrir en una prolongación del presente a ambos extremos y saber soportar tal expansión en nuestra consciencia)

Lo de amar de la forma más pura posible... ¿No es más puro amar a algo que ni siquiera puede demostrarte que existe? (y eso que no soy creyente).

En fin, yo por putear que no quede XDXDXDXD.

pcbcarp dijo...

Bueno... Conocer a alguien es algo que va ocurriendo con el tiempo. Lo malo es uno va perdiendo el interés por seguir conociéndolo. O cuando cree que lo conoce del todo (algo imposible, afortunadamente)

Neo dijo...

Claro que si; la clave está en el ahora y en ver la realidad. Una vez que lo entiendes, la única salida es vivirlo.
bsos!

BUENAS NOTICIAS dijo...

Querida Honey Queen, te recomiendo leer a Krishnamurti. Algunas de las cosas que has escrito me han recordado, en cierta manera, a sus enseñanzas. Así pues, aunque tu seguridad sea -como tú dices- falsa, tu sabiduría va en aumento.

Me gustaría comentar más sobre el amor de un animal doméstico pero llevo un cuarto de hora escribiendo y borrando porque no encuentro las palabras exactas para decir lo que quiero decir así que mejor me callo y te mando un beso gordo. Y un abrazo inmenso.