viernes, 24 de abril de 2009

Filología pura

Como creo haber dicho aquí hace ya tiempo, mi nunca bien ponderado padre me enseñó a leer a los tres años, algo que según las leyes educativas (?) actuales seguramente sería considerado abuso de menores contra natura. Desde entonces -y son ya casi treinta y cuatro años los transcurridos- he disfrutado todas y cada una de las palabras que he ido aprendiendo, he memorizado gustosamente acepciones raras, epítetos bizarros, definiciones curiosas. He amado las palabras tanto que para mí el Logos crea el mundo, lo que no se nombra no existe.

Por culpa del aislamiento que nos procura el solipsismo, no estoy segura de poder entender cómo perciben los demás la urdimbre de las cosas (urdimbre, hay palabras bellas per se, como objeto autónomo). Seguramente habrá quien lo clasifique todo en luminosas estampas visuales, o en vivos sonidos o aromas. Mi Mundo, sin embargo, es verbal. Mi Universo está formado de palabras, y con palabras trato de apresarlo. Me afano concienzudamente en ampliar mi vocabulario, día tras día, año tras año, en un conmovedor intento de expresarme, de llegar con distintos registros al mayor número de personas posible, de minimizar el malentendido. De no estar tan sola, en definitiva. Cuando cuento algo me siento reconfortada, cuando escribo algo me imagino imperecedera.
Llevo desde los tres años luchando contra la Nada sin saberlo. Aun recuerdo el calor de la mano de mi padre guiando la mía en aquellos Cuadernos Rubio. Hiciste lo que pudiste, papá. Gracias por darme los pertrechos para esta batalla perdida de antemano.



jueves, 23 de abril de 2009

Guía exprés coruñesa

Hace un par de semanas he visitado La Coruña por primera vez. Me ha gustado mucho y sus habitantes tienen múltiples virtudes. Verbigracia:

Son unos cachondos:



Tienen una gran conciencia social y reciclan divinamente:


Son muy honrados:

Y sobre todo, son muy, pero que muy limpios:
Al pulpo no le hice fotos, vaya por Dior. Debe de ser por lo rápido que desaparecía del plato, arf.