domingo, 24 de mayo de 2009

No tengo palabras (y eso en mí ya es grave)

Mi señora madre -que debería tener por méritos propios un late show de postín- ya tiene una edad. Teniendo en cuenta su peculiar uso del lenguaje y su empanada mental de serie (rasgo este al parecer dominante genéticamente hablando, ejem), y ante el riesgo de que se me quede definitivamente gagá a base de ver Ande estás, regodón? o concursos infectos de copla en televisiones autonómicas, no me canso de animarla a actividades en las que tenga que poner por lo menos en funcionamiento dos neuronas, llámese lectura, crucigramas o pasar a limpio los millardos de recetas de cocina que tiene desperdigadas. Pues bien, aunque me deje muy claro que pasa como de la mierda de mis consejos, el caso es que mis esfuerzos dan fruto a mis espaldas (orgullosa que es la mujer), y sin ir más lejos el otro día, mientras veía Eurovisión, decidió ir haciendo una lista con las canciones y los intérpretes para así enterarse de algo luego en las votaciones.
Hoy fui a comer a su casa y de casualidad, buscando un periódico, tuve el inmenso honor de toparme con el susodicho papel y deleitarme con las acertadísimas anotaciones de la autora de mís días ( e.g. "2. Francia, canta en francés", "17. Alemania, pantalones Albal") El alborozo llegó con el puesto decimosegundo, cuando estos ojos que se tiene que comer la tierra leyeron: "12. Bosnia Cebollina"


Las votaciones habrían sido, a fe mía, gloriosas. ¿Qué me dicen de ese La Bosnie Cebolliné, an puán, The former Yugoslavian Republic of Bosnia Cebollina, guan point?


Uribarri ha muerto, que viva mi mamá.

lunes, 18 de mayo de 2009

Expléndidos y ostentóreos

Hay una escena en la versión que hizo Brian de Palma de La hoguera de las vanidades en la que la novia cretina de Sherman McCoy -buenísima Melanie Griffith cuando aún tenía boca y no sendas morcillas burgalesas- justifica su ignorancia supina de la actualidad con un antológica frase que ya nunca pude olvidar:

-¡Pero Sherman, ya sabes que yo sólo leo el periódico espasmódicamente!

Una siempre intenta rememorar este tipo de cosas para deslizarlas con donosura en las conversaciones informales y poner la puntilla adecuada de humor cuando el tema lo requiere, y generalmente es el cine o la literatura quienes me proveen de materia prima. También hay anécdotas supuestamente reales que de tan perfectas parecen ficciones, como aquel que fue a comprar un anorak para la ventrisca y las garrafas de viento. En fin. Lo que ya una se espera menos es que la vida laboral le regale material de primera categoría un viernes cualquiera, porque ¿qué es sino un gran regalo el que una madre me comunique absolutamente convencida que su niña de dos años, que no para un momento y es una polvorilla, está todo el día esporádica?


Gracias, Señor, por concederme un trabajo donde tengo ocasión de atender al público. Esporádicamente, eso sí.

viernes, 8 de mayo de 2009

Negra sombra

Hay personas que siempre están acompañadas aunque paradójicamente alejan de su lado a quienes les quieren. Allá donde vayan, estén con quien estén, su compañera de viaje es una negra sombra que en todo momento se esconde entre los pliegues de su alma. La negra sombra es muy celosa, no admite que su presa sea amada por nadie más, y sabe cómo espantar a sus competidores. Ataca por sorpresa y con furia, aturdiendo al pretendiente de su posesión, robando ilusiones, enterrando afectos. La negra sombra no conoce la piedad ni la claudicación. Su voracidad y eficacia no tienen límites.

Quien vive acompañado por la negra sombra no lo sabe, o lo intuye muy levemente. En momentos de lucidez comprende que hay algo ominoso que le impide ser feliz o hacer feliz a los demás (son sinónimos), pero el mayor triunfo del amo sobre el esclavo es que éste viva resignado a su suerte, sin esperanza de cambio y convencido de que él es así. El esclavo de la negra sombra quiere amar pero no sabe hacerlo, y asume sus fracasos como un sino inevitable. Se rinde antes de intentarlo, la indefensión le paraliza.
Mientras, la negra sombra hace su trabajo con maestría, despreciando o negando los vanos intentos de los demás de demostrarle a esa persona que la quieren, que están dispuestos a luchar por ella, que el amor es más grande que todo y merece la pena siempre. Siempre.

La negra sombra domina también el arte del disfraz. Se mimetiza de tal forma que realmente llega a ser su víctima. De manera simétrica, la víctima cree ser eso que habla por su boca. El segundo gran triunfo del amo sobre el esclavo es que éste viva contento con sus cadenas, que las exhiba orgulloso cuando alguien se las señala.

La negra sombra siempre domina a su esclavo susurrándole desde atrás. Nunca se coloca frente a él, nunca expone su naturaleza fangosa y destructiva a un examen objetivo porque sabe que lo único que podría matarla es que su víctima comprendiera. Agazapada tras su presa, extiende sobre su entendimiento un velo de confusión y da la vuelta al espejo para que nunca pueda verse tal y como es. Habría que hacer un gran esfuerzo para arrancarse el velo y voltear el espejo, pero no todo el mundo tiene la valentía de enfrentarse a su negra sombra. Es más cómoda la vida de esclavo ciego, es menos trabajoso dejar morir el amor que salvarlo y hacerlo crecer.

No basta con querer a alguien para librarle de su negra sombra. Es el propio esclavo quien ha de cobrar consciencia de su atadura y atreverse a la rebelión. Han de concurrir la introspección, presencia de ánimo, mucha voluntad y mucho amor. Porque si no hay amor, nada soy.


Sirvan estas palabras como consuelo y alivio para todos aquellos que sufren de rabia por no saber demostrar que aman, aquellos a quienes las flores aún frescas se les mueren entre las manos, que echan de su lado a quienes pueden hacerles felices, aquellos que son tristes corazones sin latido: los que os queremos seguimos aquí, esperando que algún día os atreváis a romper vuestras negras cadenas.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Verdades como puños, tres

Las personas se odian porque se temen; se temen porque no se conocen; no se conocen porque no se saben comunicar; no se saben comunicar porque se hallan separadas.

Martin Luther King