martes, 27 de octubre de 2009

Verdades como puños (ya perdí la cuenta)

Al igual que Coco nos enseñaba ufano algunas cosillas como arriba/abajo, o cerca/lejos, otro muñeco de felpa, en este caso Gonzo, también ha aprendido cuatro detalles sin importancia que igual sería bueno recordar. O, en algunos casos, descubrir.
Sin pretender que sirva de precedente este copiapega descarado, nos ha dicho hoy que...


Algunas de las cosas que aprendí en los últimos años y que me conviene recordar.
A nadie le van a resultar útiles, así que aquí las dejo:


Nadie sabe lo que estoy pensando. Esos pensamientos, esas voces que tan claramente puedo escuchar en mi cabeza, todas esas cosas que me digo en mi conciencia, quedan ahí. Si van a algún otro lugar, lo desconozco. Ergo, nadie sabe lo que estoy pensando, y es mi responsabilidad ser consciente de ello.


Ya que los demás no pueden escuchar mis pensamientos, debo comprender que la gente no sabe lo que me pasa por la cabeza. Es mi responsabilidad, por tanto, comunicarme efectivamente mediante la palabra o cualquier otro recurso del que disponga. Es también mi deber aprender a controlar mi propia mente, así como mi palabra y otros recursos a mi alcance.

No sé lo que los demás están pensando. Cuando estoy hablando con otra persona, no sé lo que está pensando. Puedo engañarme e incluso puedo llegar a hacerme creer a mí mismo que sé lo que la otra persona se dice a sí misma en su cabeza. Es mi responsabilidad ser consciente de estos hechos para comprender los comportamientos de otras personas. Es también mi deber descubrir otras técnicas de auto-engaño que pueda haber instalado a lo largo de mi vida.

Mis emociones son sólo mías, y afloran por mecanismos que yo mismo he instalado inconscientemente en el pasado. Me conviene revisar mi circuitería interna y encontrar la manera de recablear mis emociones de manera que actúen a mi favor. Si me siento mal es culpa mía, y es mi responsabilidad arreglarlo por mi cuenta evitando implicar a otras personas con mis reacciones a mis emociones. Corolario: Yo me hago cargo de mis emociones, luego los demás se hacen cargo de las suyas. Reacciones desproporcionadas de otras personas ante mí son asunto suyo. Si deseo ayudar a aquellos que se encuentran mal, debo asegurarme primero de que yo me encuentro bien.

Cada persona vive en su propia realidad, en un mundo completamente subjetivo que desconozco hasta puntos que ni siquiera sospecho. Cada uno de los seres que me rodean experimentan su propia realidad de la misma manera que yo experimento la mía. Me conviene ser consciente de la subjetividad inherente a la existencia.

Mis creencias moldean mi propia realidad. Mis creencias las elijo yo. Tengo el poder de revisar mis propias creencias y sustituirlas por otras a mi conveniencia. Algunas de mis creencias me impulsan, otras me pesan. Me conviene eliminar las segundas y transformarlas en las primeras.

Poseo el deber, el derecho y el privilegio de conocerme a mí mismo y de conocer a los demás. Esto incluye, entre otros, definir claramente dónde acaban los demás y dónde empiezo yo; así como dilucidar cuáles son mis deseos, mis anhelos, mis metas y mis aspiraciones.

Mucho mejor que la guerra y la violencia son la paz y la armonía.

Todo el mundo es importante. Todo el mundo cuenta.

Tengo la facultad de ser consciente de cuándo necesito ayuda y de expresar esa necesidad. Tengo el deber, el derecho y el deseo de ayudar a otros.

Debo ser comedido con mis opiniones. Debo ser comedido con mis consejos. Es muy fácil dar un consejo equivocado debido a que siempre desconoceré la totalidad de los detalles. Y he descubierto que a menudo un detalle lo cambia todo. Un detalle convierte el blanco en negro y viceversa. Así pues, precaución.

No hago lo que me dicen que haga. No hago lo que tengo que hacer. Hago lo que siento que debo hacer. Yo decido mi vida, yo elijo mis responsabilidades y corro con las consecuencias de mis actos y de mis palabras. Yo soy mi propio y mi único juez.

Me esfuerzo en descubrir mi propia verdad y la empleo para reconstruirme sobre ella. Hay gente que morirá sin haber nacido. Yo me comprometo a morir y a renacer tantas veces como sea necesario, en beneficio propio y de los demás.

Yo soy la persona más importante de mi vida.


Gracias al autor por el permiso de reproducción.


AÑADIDO UN PAR DE HORAS DESPUÉS...
Por segunda vez en el día de hoy, me veo obligada a copiar y pegar las palabras de alguien con más visión y perspectiva que yo, a lo que parece. En este caso han sido...:

El error consiste en atribuir a los demás lo que en realidad es un problema de nuestra relación con ellos.
Es como si dices "la lámpara no enciende, la lámpara está estropeada, tiro la lámpara a la basura"
¿Y no será que el cable que va de la fuente de alimentación a la lámpara está gastado?
La lámpara funciona perfectamente, sólo que la energía no fluye como debería.

domingo, 11 de octubre de 2009

Quien domina el pánico, domina el Mundo

Les pongo deberes. Me van a escuchar quietecitos y calladitos a esta señora contarles un cuento muy bonito. Sí, la señora es monja, pero también es médico. No, ello no es óbice.


El cuento tiene cinco capítulos. Encontrarán los cuatro restantes en unas ventanitas que se abrirán bajo el vídeo cuando este termine. Hasta el final sin rechistar y luego me hacen una ficha con el resumen, como en el cole (el cole del bueno, no eso que hay ahora)


En el cuento salen varios lobos feroces y un rebaño como de seis mil millones de corderos que andan últimamente algo nerviosos.


Pónganme los cinco sentidos en la escucha, como si nos fuera la vida en ello...no vaya a ser que sí que nos vaya de verdad.


P.D.: si hay algún bilingüe en la sala, sería de suma importancia traducir esto al inglés para su mayor difusión.