martes, 29 de diciembre de 2009

La Vida, esa puta tan cara

"Si no exteriorizas lo que llevas en tu interior, eso te destruirá" (Evangelio gnóstico de Santo Tomás)

Y esta vez va por mí.


Algunos de los que me leeis habéis coincidido físicamente conmigo en alguna ocasión. Otros solo sabéis de mí lo que permito mostraros a través de líneas como estas, pero no me habéis visto nunca.

Unos y otros, de todas formas, no me conocéis en absoluto. Me habéis visto, escuchado, habéis cenado conmigo, seguramente os habréis reído conmigo, os han gustado algunas de mis palabras, quizás algunas de mis palabras engarzadas en frases, pero os falta, a todos, lo fundamental.

Miento. Os miento a todos porque me miento a mí misma. Os miento, me miento, he mentido siempre porque todo lo que expreso viene de mi cabeza, nada de mi corazón.
Como llevo dos meses pidiendo y pidiéndome perdón, puede que no esté de más pediros también perdón a vosotros. Por mentiros. Por no mostraros mi corazón. Por no dar lo mejor de mí.

Mi corazón me da miedo, es una fiera a la que he mantenido siempre con bozal y correa corta tras los barrotes de mi mente, ahí donde he podido silenciarlo, reprimirlo. Cuando mi corazón aúlla echo más cerrojos, aprieto más la correa, ajusto más el bozal.


Y así voy muriendo en vida un poquito cada vez.


Porque mi corazón grita, patalea, brama a veces con la sangre afluyéndole a borbotones, pero yo me he tapado los oídos, he cerrado los ojos, no he podido dejarme llevar. No me atreví a abrir la cancela porque no supe qué sería de mí si perdiera el control. No me permití probar a ver qué pasaría, no me he dado esa oportunidad.

No sé por qué me da miedo mi corazón. No sé por qué creo que hay que reprimirse para que todo esté bien. Pero es lo que aprendí y practiqué desde hace mucho tiempo, y a resultas de ello ahora mi vida es un caos y sospecho que lo que yo creía que era rectitud y corrección en realidad es una farsa lamentable. Ni siquiera me permito enfadarme cuando algo no me gusta: me lo trago y se lo echo de comer al animal que tengo ahí enjaulado.


Pero esa pobre fiera encerrada no es mi enemigo. Ni el tuyo, aunque yo te lo escondía siempre, temerosa, como antaño se guardaba en el sótano al hijo deficiente, al baldón de la familia... ¡Esa criatura atrapada soy Yo misma, y de alguna manera que desconozco me autoengañé para armar minuciosamente la trampa en la que luego entré voluntariamente!.


Tengo que liberar mi corazón. Sus aullidos son insoportables ya.

Y el animal que llevo dentro te ama a ti, decía Batiatto hace muchos años. Ahora sé lo que quería decir con eso.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Autobiografía en cinco actos

Acto primero

Bajo por la calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Me caigo dentro.
Estoy perdido...me siento impotente.
No es culpa mía.
Tardo una eternidad en salir de él.

Acto segundo

Bajo por la misma calle
Hay un hoyo profundo en la acera.
Finjo no verlo.
Vuelvo a caer dentro.
No puedo creer que esté en el mismo lugar.
Pero no es culpa mía.
Todavía me lleva mucho tiempo salir de él.

Acto tercero

Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Veo que está allí.
Caigo en él de todos modos...: es un hábito.
Tengo los ojos abiertos.
Sé dónde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente de él.

Acto cuarto

Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Paso por el lado.

Acto quinto

Bajo por otra calle.


Autora: Portia Nelson

Creo que llevo ensayando el acto segundo demasiadas veces. Ya es suficiente, ya me lo sé bien.
Hay que ensayar los siguientes, o de lo contrario no me dará tiempo a llegar al quinto.

¿Y vosotros, en qué acto estáis?

martes, 22 de diciembre de 2009

Fragilidad

Todo es tan frágil como salir de casa ese día en concreto ni un minuto antes, ni media hora después, para ir a comprar algo a esa tienda -esa y no otra-, algo que no era urgente y podría haber comprado el día anterior, o el siguiente, o nunca.

Todo es tan frágil como elegir la ruta más sencilla, la más familiar, la acera más cercana, la más veces transitada.

Todo es tan frágil como levantar la vista a duras penas entre el gorro, la bufanda y el paraguas para mirar la cara de la persona que se cruza contigo en ese momento, y contra todo pronóstico geográfico, demográfico, espacial, temporal y vital eres tú.

Todo es tan frágil que eras tú, caminando sin mí por las calles de mi ciudad, y mi pecho estalló en millones de pedazos al ver de nuevo tu rostro.

Todo es tan, pero tan frágil que los tímidos pasos emprendidos hasta ese momento con tantísimo esfuerzo giraron sobre sus propias huellas y desandaron el camino, teniendo ahora que volver a empezar a avanzar.

Todo es tan frágil que te cruzaste conmigo como lo que al fin y al cabo somos y quizás siempre fuimos, extraños, aunque probablemente quisimos -y no supimos- ser otra cosa.


¿No es todo muy frágil...?

jueves, 10 de diciembre de 2009

Lecciones en medio del naufragio

Desde que recuerdo he sido recopiladora concienzuda de aforismos y frases contundentes, y así he cimentado muchas de mis opiniones (o, como se me reprochó, de mis certezas): en palabras copiadas o admiradas de otros.

Mi pensamiento, tan bien expuesto a veces, con tanto aplomo, con apostillas tan precisas de vez en cuando, es una impostura. Mi respuesta para todo es tan solo un archivo de préstamos bien dispuesto para cada momento.

Mi seguridad es, lisa y llanamente, falsa.

Pero a lo que iba. Hay una frase del guión de Mi vida sin mí que me dejó sin aliento en el momento en que la oí, y ya quedó siempre en mi memoria, preparada para cuando hubiera de serme útil. Decía que cuando se conoce a alguien, y se le conoce bien, sólo vemos el cincuenta por ciento de esa persona. Querer conocer el otro cincuenta por ciento lo destruye todo.

Creo que tienen razón las filosofías orientales que afirman que toda la sabiduría que necesitamos ya la llevamos dentro, pero no lo sabemos. Si me impactaron esas palabras fue porque de alguna manera supe, sentí que eran ciertas, pese a que iban contra mi convicción básica de que hay que conocerlo todo, siempre.

A mí me cuesta un mundo renunciar a saber. Cada dato, cada información nueva que atesoro va directa a mis centros cerebrales del placer. En mi escala personal de valores, querer conocer siempre ha sido más loable que querer a secas. Además, ¿cómo es posible siquiera apreciar sin conocer? ¿Quién puede resistirse a destripar el mecanismo oculto del autómata que todos llevamos dentro…? ¡Es mi obligación racional entenderlo todo, de todo, de todos! Y sin embargo…

Sin embargo es a base de golpes como se aprende que hay cosas que deben permanecer en la sombra, que igual que hay palabras suicidas que dinamitan aquello mismo que nombran, también hay fangos que cumplen su labor callada y humilde en el fondo de las almas, en quietud, pero que enturbian y hasta envenenan las aguas de la vida en cuanto se revuelven…No, no siempre conocer todo a toda costa es bueno. No, nunca hay que exigir conocer los recovecos de nadie. Y mucho menos si le queremos.

He pensado muchas veces que la manera más pura de amor es el que se tiene por un animal doméstico. El gato que me mira muy quieto desde el cojín no es nada más que lo que Es: no anticipa, no recuerda, no se desilusiona, no alberga resquemores, no se hace expectativas, no finge, no traiciona... Simplemente ES.
Tener un animal cerca es un privilegio y una continua enseñanza. Es la expresión más auténtica de lo que significa Ser Ahora, en un presente real y palpitante que emociona tanto cuanto más me alejo. Porque aunque ahora acaricie su lomo y sienta su ronroneo, no estoy aquí con él, no estoy viva como lo está él, porque estoy inmersa en espirales ficticias de un pasado tan reciente como inalcanzable o volando a un futuro incierto que también me angustia…

Yo no quiero conocerle. Al gato, digo, no necesito conocerle, tan solo le quiero. Y es un sentimiento tan puro que es inconcebible dejar de hacerlo. Empecé a quererle en el momento que entró en mi vida y ya no podré dejar de quererle nunca. El gato tampoco puede no quererme, no huirá un día de mí, no perderá la ilusión, porque vive en un presente continuo mágico, porque es pura vida, porque yo solo existo Ahora para él, no ayer ni mañana...

Me gustaría que las personas nos quisiéramos así. De todo lo que me hace sufrir, quizás lo más inasumible para mí es cómo alguien que te quiso una vez puede llegar a dejar de hacerlo. Pero al fin y al cabo qué derecho tendré yo a pedirle a nadie que me quiera como un gato, cuando yo insisto ciegamente en destripar autómatas…

sábado, 5 de diciembre de 2009

Lo que no se siente

video

Feeling good. Sintiéndose bien. Se supone que esta canción habla de cosas alegres y positivas. Sin embargo, a mí me transmite RABIA. La batería a tope, el desgarro en la voz, ese altavoz para gritar a los cuatro vientos, con desesperación, que sí, que es una nueva mañana, un nuevo día, una nueva vida para mí, donde los pajaritos cantan y las nubes se levantan...

Pero no me creo nada, porque las palabras se inventaron para decir lo que no se siente.

Feeling good.

I wish I could.