viernes, 24 de diciembre de 2010

Cuentecillo antes de Navidad

Quiero que te imagines que vives en un planeta donde todas las personas padecen
una enfermedad en la piel. Durante dos mil o tres mil años, la gente de este planeta ha
sufrido la misma enfermedad: todo su cuerpo está cubierto de heridas infectadas, que
cuando se tocan, duelen de verdad. Evidentemente, la gente cree que esta es la
fisiología normal de la piel. Incluso los libros de medicina describen dicha enfermedad
como el estado normal. Al nacer la piel está sana, pero a los tres o cuatro años de edad,
empiezan a aparecer las primeras heridas y en la adolescencia, cubren todo el cuerpo.
¿Puedes imaginarte cómo se tratan esas personas? Para relacionarse entre sí tienen
que proteger sus heridas. Casi nunca se tocan la piel las unas a las otras porque resulta
demasiado doloroso, y si, por accidente, le tocas la piel a alguien, el dolor es tan intenso
que de inmediato se enfada contigo y te toca a ti la tuya, sólo para desquitarse. Aun así,
el instinto del amor es tan fuerte que en ese planeta se paga un precio elevado para
tener relaciones con otras personas.

Bueno, imagínate que un día ocurre un milagro. Te despiertas y tu piel está
completamente curada. Ya no tienes ninguna herida y no te duele cuando te tocan. Al
tocar una piel sana se siente algo maravilloso porque la piel está hecha para la
percepción. ¿Puedes imaginarte a ti mismo con una piel sana en un mundo en el que
todas las personas tienen una enfermedad en la piel? No puedes tocar a los demás
porque les duele y nadie te toca a ti porque piensan que te dolerá.
Si eres capaz de imaginarte esto, podrás comprender que si alguien de otro planeta
viniera a visitarnos tendría una experiencia similar con los seres humanos. Pero no es
nuestra piel la que está llena de heridas. Lo que el visitante descubriría es que la mente
humana padece una enfermedad que se llama miedo. Al igual que la piel infectada de
los habitantes de ese planeta imaginario, nuestro cuerpo emocional está lleno de
heridas, de heridas infectadas por el veneno emocional. La enfermedad del miedo se
manifiesta a través del enfado, del odio, de la tristeza, de la envidia y de la hipocresía, y
el resultado de esta enfermedad son todas las emociones que provocan el sufrimiento
del ser humano.

Todos los seres humanos padecen la misma enfermedad mental. Hasta podríamos
decir que este mundo es un hospital mental. Sin embargo, esta enfermedad mental ha
estado en el mundo desde hace miles de años. Los libros de medicina, psiquiatría y
psicología la describen como un estado normal. La consideran normal, pero yo te digo
que no lo es.

(Miguel Ruiz, en La maestría del amor)

Ni qué decir tiene que os deseo a todos unas muy felices SIESTAS...

6 comentarios:

Una que yo me sé dijo...

Justo antes de leer tu post me he quemado haciendo cordero para esta nochedeloscataplines, así que con pasta de dientes untada en el brazo y en la cara (todo glamour) me he leído tu post con bastante angustia, la verdad.

Yo también tengo miedo, hoy. Al aceite hirviendo, principalmente.

Felices siestas para vos también!

La reina de la miel dijo...

Pasta de dientes caca: Blastoestimulina es la palabra.Obra milagros, y no solo en esta noche.

barbaria dijo...

Un cuento muy apropiado, mucho.
Feliz Navidad a tí a también.

Speedygirl dijo...

Qué chulada de cuento, me ha encantado, gracias por descubrírmelo.

Desi dijo...

Pues sí. ¿Quién no tiene miedos? Un saludo. Bonito blog =)

La reina de la miel dijo...

Querida Barbaria, lo mejor para ti también :-)
Speedygirl y Desi, gracias por visitarme y participar :-)