lunes, 31 de enero de 2011

Droga dura

No van por ahí temblorosos y macilentos; no están flacos ni se les marcan los pómulos afilados bajo unos ojos vidriosos. Bien al contrario, llegan a nosotros sonrientes, atractivos, nos interesan, nos deslumbran, nos seducen. Nos engañan. Nos dejamos hacer, halagados, sin sospechar nada, porque nada se les nota. Solo ellos saben qué simas hay tras su sonrisa, qué febriles afanes tras su corazón.


Su adicción es profunda y extenuante. Comienzan pronto, la adolescencia es muy peligrosa para caer en cualquier vicio, en este también. Tan pronto experimentan una vez el efecto del primer chute, su vida se convierte en una búsqueda implacable del siguiente, caiga quien caiga. Mientras disfrutan su dosis están vivos, son capaces de ser felices (sí, claro que son capaces: lo comprueban cada vez, todas las veces). Mientras tienen su dosis pueden igualmente hacer feliz a otros, y así también sienten con alivio, una vez más, que hay esperanza: merecen la pena, son valiosos para alguien…aunque sea con esta pequeña ayuda.


Pero la dosis dura poco y hay que procurarse otra, es la pesada carga que ha de llevar todo adicto. La inspiración que les asalta en pleno subidón va diluyéndose a ojos vista. Ellos, expertos, notan cómo la ilusión decrece, cómo las cosas dejan de lucir tan luminosas, cómo ya no se sienten tan bien. Están nerviosos, tensos, inquietos. A su alrededor, nadie lo sospecha aún. Parecen seguir siendo las estupendas personas del primer día del chute, pero algo sombrío va ganando terreno. A duras penas van tirando adelante con la poca droga que les queda, pero finalmente llega un momento en que tienen que admitirlo: se acabó. Esta dosis se terminó, y la inquietud ya torna en exasperación. Hay que salir a buscar la siguiente, y rápido.


¿Rehabilitación? ¿Para qué, cuando la fuente de la droga está por todas partes? ¿Desintoxicación? ¿Por qué, viviendo como viven rodeados de camellos que podrían estar suministrándoles dosis para siempre, sin tener que sufrir nunca el síndrome de abstinencia ?


¿No os dais cuenta? Nosotros somos su camello, cada uno de nosotros, tú y yo. Les proporcionamos lo que necesitan sin ser conscientes de ello, y no sabemos que era eso lo que buscaban en nosotros hasta que se termina la dosis, nuestra dosis. Cada persona viene a este mundo con una sola dosis para cada uno de estos adictos. Lo que tengamos que ofrecerles a partir de ese momento ya no les interesa, ya no es novedoso, ya no es excitante. Si no entendemos qué ha pasado y nos resistimos a retirarnos es nuestro problema, ellos ya tiene bastante con su búsqueda.


Están enganchados a los comienzos, en un eterno ciclo de muerte y resurrección de ilusiones. La droga en cuestión es -digámoslo ya- la plenitud sagrada de cada nuevo comienzo, y aunque el camello sea siempre distinto, el efecto en el yonki es siempre el mismo: ese corazón latiendo tan fuerte que parece que los demás lo oyen, esas sonrisas de oreja a oreja caminando por la calle, esa voz casi desconocida diciendo su nombre, esa piel nueva y suave que huele tan bien, ese calor. Esa Vida en estado puro. Esa felicidad que de otra forma no sabrían encontrar.


El yonki de los comienzos visita de vez en cuando la fosa común de sus cadáveres. Mira, pero no ve. La mayoría de ellos han sido arrojados allí vivos, sin comprender, y aún se mueven. Pero el yonki solo ve envases vacíos, pipetas de dosis ya terminadas, y aunque le asaltan flashes de recuerdos, la urgencia de su adicción le hace girar sobre sus talones y seguir adelante.


Siempre adelante, a por el próximo chute.

sábado, 29 de enero de 2011

Cave canem

"El maestro entra en una habitación con espejos. Se sienta en silencio. Mira a su alrededor y se ve reflejado en todas partes. Se siente en paz.
El perro entra en la misma habitación. Mira a su alrededor y ve miles de perros. Se pone nervioso y les enseña los dientes. Observa que los otros perros también están enseñándole los dientes. Se siente agredido y decide atacar".

TODOS LOS ROSTROS DEL MUNDO SON ESPEJOS

Decide qué rostro llevarás por dentro, y ese será el que muestres.

El reflejo de tus gestos y acciones es lo que los demás te proyectan.

(Gracias a El periódico de las buenas noticias, de quien lo rescato...)

martes, 18 de enero de 2011

Humana, demasiado humana

El día que me despierte por la mañana y no me duela nada será porque me he muerto.



(¡...coño ya con los achaques!)

jueves, 13 de enero de 2011

Advertencia

Cuidado con la tristeza.
Es un vicio.

(Gustave Flaubert, 1821-1881)

miércoles, 5 de enero de 2011

Cry me a river


El niño lloraba a mares. Gemía encogido sobre sí mismo en el sofá, daba mucha pena verle así. Decía entre sollozos que no era feliz, que se sentía solo, que apenas tenía amigos…Lo que más le hacía llorar era su comportamiento cuando se enfadaba, porque se enfadaba muy a menudo con las personas que le querían. Le cayeron dos lagrimones enormes por su carita morena cuando reconoció que se portaba muy mal con su mamá, que a veces le gritaba mucho y no quería hacerlo pero es que era algo superior a él. ¡Lo intento, pero no puedo, es como si me subiera algo por dentro y me abrasara…!

Para este niño que llora a mares vivir dentro del cuerpo de un hombre de 40 años es irrelevante. Él sigue enfadándose con mamá, con todas las mamás que conoce, una tras otra, intenta no hacerlo pero no puede evitarlo, de veras que no puede…

domingo, 2 de enero de 2011

Con la L en la espalda por la Vida

Llegó el último día del año y volví a hacer(me) algo especialmente dañino, con lo que concluí que, en realidad, tanto rollo y tal pero no había aprendido nada en estos meses...

Sin embargo...¿acaso no es aprender reconocer inmediatamente qué es lo que (me) hago mal, darme cuenta de que, zarandajas programadas aparte, mi bienestar depende únicamente de mí, de lo que me permito sentir o pensar? ¿Acaso no es aprender ver cada vez un poco más nítidamente que a veces me siento mal porque no me hacen o no me hicieron feliz personas que a su vez son muy infelices y no saben qué hacer con su propio dolor?

Aprender a sentir -con muchísimo trabajo, eso sí- comprensión en lugar de rabia, aprender a "ver" el miedo, el mío y el de los demás, detrás de casi todo lo que me hace daño...¿de verdad eso no es aprender?

Darme cuenta de esto poco me ha llevado prácticamente un año, así que preveo mucho trabajo y muy largo...

Sabiduría para todos.