jueves, 24 de febrero de 2011

Disyuntiva

Tu juicio te tiene secuestrada y tú has desarrollado todo un síndrome de Estocolmo.

Quizás sea el diagnóstico más certero que me hayan hecho nunca.

Ahora mi duda es si la liberación pasa por pagar el rescate o entrar a sangre y fuego en el cubil de los secuestradores.


lunes, 21 de febrero de 2011

Fuera, dentro...¡fuera!

Mis deberes de ahora en adelante son expresar mis emociones en el momento en que se producen sin pasarlas por la razón. En estos asuntos de las entretelas la razón no funciona como un filtro depurador, sino todo lo contrario: la emoción, que nace limpia y sana, queda pringada de alquitrán y grijo cuando pasa por el colador sucio y lleno de mierda del intelecto. O se pone el colador en agua hirviendo y se le deja otra vez como cuando lo estrenamos –tarea que se me antoja casi imposible si no media una experiencia psicotrópica o un pepinazo en el hemisferio izquierdo- , o nos abstenemos de mancillar las emociones haciéndolas pasar por él, son las dos opciones saludables que se me ocurren.


Al ser para mí muy difícil dejarme ser con fluidez, permitir que salga espontánea mi verdad (¿acaso tengo vergüenza de mí misma? ¿y me he dedicado a averiguar resortes ajenos teniendo esto pendiente en mi propia casa??), necesito ayudarme con detonadores emotivos que propicien la salida de esta presión, como la música. Esta es la razón (siempre ella, la muy puta) de que no me conforme con melodías que solamente me gusten de un modo superficial, o con músicos que sí, bah, no están mal, a secas.


No. Yo necesito música que me haga sentir tan viva que parezca que voy a reventar de gozo mientras esas notas me traspasan. Necesito música a decibelios indecentes que me haga estremecer, quiero sonidos que me cubran y me sujeten como un amante con ganas, que me haga ser carne y sangre latiendo y gritos roncos. Que me haga Ser fuera de mi cabeza aunque sea durante los dos minutos que dura una canción.


Esto no lo consigue cualquiera. Por eso me cuesta tanto encontrar grupos como Muse, que me provocan orgasmos múltiples emocionales con apenas comenzar una línea de bajo o unas notas de piano. Desde que me acompañan soy mujer de una sola banda, me dan todo lo que necesito y estoy sobradamente satisfecha. Nunca soy más yo que saltando en un concierto suyo. Nadie que no me haya visto en un concierto suyo sabe en realidad quién soy.


Sin embargo, y aun siendo ellos el amante siempre dispuesto, me he dejado acariciar por otros, muy jovencitos, pero que a veces suenan a The Stone Roses y otras a Joy Division. Se llaman White Lies y a su contacto me he relamido. Como los perros ;-)



(Gracias a Zoant, el mejor buscador de oro sónico)

domingo, 20 de febrero de 2011

Delete

Tiene entidad, peso, tiene aristas, tiene dimensiones, crece a veces hasta envolvernos como la tela elástica de una araña enorme y repugnante que nos ahoga.

Lo sentimos real, físico, con una presencia abrumadora, está ahí, tiene existencia paralela, crece, engorda, se nutre de nosotros, pero...

...resulta que el sufrimiento es un espejismo, una creación, nuestra obra más retocada, pulida y trabajada. Hay momentos lúcidos en que, honestos con nosotros mismos, tratándonos con amor y perdón a nosotros mismos por primera vez en mucho tiempo, cogemos la brocha y pintamos de blanco el lienzo tan insoportablemente recargado.

Ayer miré el lienzo en blanco y me gustó. Gracias por ayudarme con el bote de pintura y la brocha.
Gracias, de verdad :-)

viernes, 18 de febrero de 2011

Vida de perros

Observo. A los perros correr libres por la playa a mediodía. Corren hasta tener que tumbarse agotados, llenos de vida, un rato solo y vuelta a correr. Plenos, espontáneos, transparentes. What you see is what you get.


Observo y me doy cuenta. De que hacen lo que su naturaleza les dicta a cada momento, sin miedos, sin vergüenzas, sin culpas, sin rencores. De que transmiten Verdad, Esencia. De que Son.


Observo, me doy cuenta y aprendo. A bañarme porque ahí está el mar, a jugar porque me han dado una pelota, a jugar a otra cosa porque me la han quitado, a aceptar sin pena cómo se aleja quien acaba de darme una caricia muy guapa, a gruñir sin juzgar a quien acaba de darme un manotazo muy feo, a ladrar muy fuerte cuando me apetece, a aullar en el mismo momento en que algo me hace daño...

Observo, me doy cuenta y aprendo. Quiero llegar a ser un gran perro algún día.

lunes, 14 de febrero de 2011

Vaya, vaya...

¿Por qué sentimos fascinación hacia una persona que de pronto nos enamora?
Y el caso contrario, ¿qué es lo que tiene ese ser que con tan solo mirarlo, se nos atraganta?
¿Qué subyace tras la fascinación o aversión que nos toca en esa aparente lotería psicológica?

Comencemos por reconocer que nuestra personalidad nuclear tiene una gran riqueza de personajes o máscaras. Se trata de papeles que representamos en situaciones cotidianas y que a su vez, nos enriquecen de diversidad psicológica. Personajes internos, tanto masculinos como femeninos que encarnan en papeles, por ejemplo masculinos, como el de rebelde, el complaciente, el guerrero, el artista, el niño, el padre, el creador, el perfeccionista, el amante, el seductor, el controlador, el aventurero, el racional, el sabio, el loco, el mago, el crítico…

Lo más curioso de todo esto es que tales subpersonalidades están formadas por pares de opuestos, es decir que no existe la una, sin su correspondiente contraria. Por ejemplo, no existe la parte científica sin su polar la artística, ni la parte complaciente sin la consiguiente rebelde. No hay racional sin emocional, ni existe controlador sin confiado… Son personajes conformados en pares de opuestos que bailan en el seno de una personalidad que cuanto más consciente se hace de sí misma, más rica y madura resulta.

Pero atención, sucede a menudo que en este escenario psicológico, una de las dos partes de tales opuestos, se desarrolla de forma tan acusada que anula a su contraria, contraria que bloqueándose y sumergiéndose, ni se desarrolla ni se expresa.

Y a partir de este punto, surge el preguntarnos, ¿por qué de pronto nos sentimos fascinados por alguien que nos “enchuta” de idealización y euforia?

Para comprender esto tendremos que mirar qué es aquello que nos atrae locamente de ese otro, y no tardaremos en comprobar que se trata de esa propia subpersonalidad sumergida que quiere salir a la consciencia. Y para ello, se “proyecta” en el otro que vive ahí afuera. Una parte anulada que no hace otra cosa que buscar desesperada su reflejo, al tiempo que desencadena fascinación hacia la otra persona. Cuando esto sucede, y por fin nos cruzamos con alguien que sobradamente la expresa, brota una irresistible atracción que responde a la necesidad de completar el cuadro psicológico de la propia persona.

(Resto del artículo AQUÍ)

Durante mucho tiempo sepulté mi ira, y mi ira volvió a mí multiplicada por otros senderos insospechados. Creo que empieza a ser mucho más productivo buscar las respuestas a mis propias preguntas...

jueves, 10 de febrero de 2011

Cadena de dolores

Perdonar. Perdonar es la clave.

"Mamá, papá, por fin puedo odiaros sin reservas. Mis relaciones con los hombres han fracasado, pues no hago más que pelearme con ellos. Creasteis una sombra inmensa que vive en mi interior y desea sanar por todos los medios, usando a mis parejas para dramatizar y escenificar todos aquellos periodos de dolor que produjeron heridas irreparables en mi alma. Y mis parejas hacen lo mismo conmigo, pues recibieron una educación parecida. Entiendo que no supisteis hacerlo mejor, que cargabais con la cruz de vuestros propios traumas, pero dejad que saque a la luz toda mi indignación de niña pequeña, o si no reventaré. No os puedo perdonar todavía, porque no es la hora del perdón. La cultura, desde siempre, ha estado en contra de los niños y a favor de los padres. La cultura repite el error, generación tras generación, de la obligación moral del perdón a los mayores. Pero ahora veo que el verdadero perdón sólo ocurre de forma espontánea, solo fluye de forma natural cuando por lo menos una parte de la indignación ha sido dirigida hacia los verdaderos culpables, que son los padres. Sólo cuando se ha logrado la hazaña de captar el inmenso dolor, humillación y soledad que alimentan esa indignación, sólo entonces puede una contemplar a los padres como niños indefensos que sufrieron abusos y que no pudieron hacer otra cosa que transmitir lo que habían recibido"

"El auténtico perdón no bordea la rabia sin tocarla, sino que pasa a través de ella"

(Texto y cita extraídos de aquí. Gracias por hacerme llorar esto)


Edito unas horas después, boquiabierta con la precisión de este otro texto, resumen del libro "El drama del niño dotado":

Estos niños se convierten en pequeños adultos, capaces de tomar responsabilidades que no les corresponden, supliendo todas las necesidades del alter ego de sus padres y dejando de lado cualquier característica que incomode a éstos. Así, las actitudes consideradas como defectuosas son inmediatamente eliminadas, no sienten celos, envidia, rabia, miedo, desarrollan toda un arte para escindir sentimientos. Estos niños no manifiestan berrinches ni pataletas, no exigen ser consentidos ni mimados, se vuelen receptivos pero no demandantes, así que sus padres preocupados de sí mismos no notarán ni llenarán sus necesidades, se tornan un objeto yoico de proyección narcisista de sus progenitores.

Esto provoca que el paciente comience a buscar sus necesidades en otra parte, por lo cuál debe ganarse la aceptación de nuevas personas. Para esto debe necesariamente conocer qué se espera de él. Es aquí donde entra en juego la habilidad que desarrollan estos pacientes y la que le da el nombre de “complejo de psicoanalista” ya que se especializan en inmiscuirse en la mente de su interlocutor, para saber que se espera de él y que rol desempeñar.



martes, 8 de febrero de 2011

Lo que sé de mí

Estoy redescubriendo mi carrera. A lo mejor ahora es el momento apropiado para retomarla. Estudié Psicología pero nunca me atreví a ejercerla, ni siquiera a intentarlo en serio, porque en el fondo de mí siempre supe que no escogí estudiarla para ayudar a nadie, sino para tratar de desenmarañarme a mí misma. Yo sabía, supe siempre que cuando daba mis consejos tan del hemisferio izquierdo, todo tan racional, tan sensato, fingía un orden interno del que carezco.
Sabía que no tenía ninguna autoridad para guiar a nadie cuando yo misma estaba totalmente perdida, lo supe siempre.

Una siempre sabe esas cosas. Uno no puede engañarse a sí mismo a niveles tan íntimos.

El camino me ha traído hasta una disciplina de la que no me hablaron nunca en la carrera (en la facultad también creen que se engañan a sí mismos, pero seguro que en el fondo saben lo que hay. No les culpo: es jodido admitir la indefensión propia) Se llama Análisis Transaccional y lleva 30 años por ahí rodando. La premisa básica es escueta y durilla, pero preciosa por el canto a la libertad personal que ofrece. El resumen de todo es que nuestra esencia básica, nosotros mismos estamos bien y sanos, pero tempranamente adquirimos roles autolimitadores que desarrollamos mediante juegos no necesariamente divertidos durante toda la vida. Nos convertimos así en princesas y príncipes encantados, con aspecto de sapo, saliendo a escena noche tras noche a representar ese papel que tan de puta madre nos sale, de tan ensayado. La función durará mientras no nos cansemos del papel. O no nos molestemos en buscar otro, claro. Pero no es obligatorio seguir en ese papelucho toda la vida, eso lo decidimos creer nosotros.

No fui feliz de niña. Mejor dicho, ya no recuerdo cuándo fui niña: creo que lo fui pero desde luego por un tiempo insuficiente. No podía permitirme seguir siendo niña en un entorno emocionalmente caótico: alguien tenía que poner orden en aquel sindiós que tanta pupa me hacía y de alguna forma se decidió que fuera yo. Es que esta chiquilla es muy lista. Esa fue mi maldición. Mi niña interior murió antes de poder dar lo mejor de sí misma, y apareció en su lugar una figura absolutamente contra natura, un pequeño proyecto de adulta cagada de miedos y tensiones que fingía templanza y buen criterio mientras a su alrededor las figuras que debieran haberla protegido se comportaban como auténticos cretinos. Cuando sentía ganas de llorar a gritos, me tapaba los oídos. Cuando lo que quería era matarlos, les sentaba cátedra para que se abochornaran de su conducta. ¿Pero a quién habrá salido esta cría? ¡Hay que ver qué sentido tiene!

Ahora ya no siento tanta rabia, lo hicieron como supieron, como se lo dictaban los guiones de sus papeles. No puedo culparles porque no sabían lo que estaban haciendo. Yo tampoco lo sabía.

Esta doctora Ochoa en miniatura creció –poco, la verdad- y escogió Psicología sin pestañear. No fue casualidad, claro. Estaba como loca por conseguir alguna respuesta para mis propias preguntas, porque mi papel, el rol adquirido de pequeña para sobrevivir y ya bien ensayado a esas alturas de la adolescencia, conllevaba el agotamiento extremo de estar todo el rato contestando las preguntas de los demás, incluyendo las que nadie me había hecho y las que no querían ser contestadas. La vida consistía para mí en explicar el Mundo por cojones para no sucumbir al caos, y por supuesto me esforzaba en encontrar respuesta siempre para todo. A veces incluso hasta acertaba y eso reforzaba aún más el personaje que me había hecho a pulso. El que siguiera sintiendo el mismo malestar en el plexo solar, con respuestas o sin ellas, no importaba. Había que seguir razonando, hasta las últimas consecuencias.

Me convertí en adulta sin haber dejado vivir a la niña, pero la niña está ahí y se revuelve en su mordaza. Dice el Análisis Transaccional que el sufrimiento psíquico, la patología neurótica incluso, viene de seguir dando las mismas respuestas viejas de aquellos roles lejanos en situaciones nuevas, y es muy cierto. Mi papel me empuja una y otra vez a controlar, justificar, explicar, diseccionar, razonar y dar sentido a todo, tan solo porque una vez, hace muchísimo tiempo, fui una cría asustada que no entendía nada de lo que la rodeaba ni mucho menos le gustaba. Resulta que tengo una niña abandonada a mi cargo, y yo sin enterarme. Como diría la apreciada PazzaP, es bueno saberse.

domingo, 6 de febrero de 2011

Vacía

Me pasaría las horas, todas, durmiendo.

Así constato que porque sueño, no lo estoy.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cartomancia

"Ay, nenina, ¿por qué lloras? Mira, mira qué cartas tan buenas te salen...¡pero míralas, mujer! Esta eres tú, y las tres columnas del centro representan lo que sale de tu parte. Escucha...te sale un cambio en el trabajo, pero a bien; esta es tu casa (porque es tuya, ¿verdad?)...Aquí tienes el amor...que nooo, calla, que te sale bien, ¿no ves que esta es la Victoria? Tú ahora no lo ves, pero sí sale...

¿Pero ves esta carta de aquí, el as de espadas? Esta te sale aparte, no está contigo.

Es la Firmeza."